jueves, 28 de julio de 2016

Reflexoterapia: espejos en los pies

A menudo he recibido en mi consulta personas que solicitan Reflexoterapia porque, me cuentan, les duelen los pies. Y yo, inmersa como estoy en el universo reflexológico, todavía me sigue sorprendiendo que no sea del dominio público que la Reflexoterapia no es un masaje para aliviar el dolor podal. Así que, una vez más, aprovecho este espacio para aclarar a los profanos en el tema este malentendido.


Cierta es la asociación de la Reflexoterapia con los pies, pues es en ellos donde tradicionalmente se ha practicado este tipo de masaje terapéutico. La confusión estriba en que no consiste en un tratamiento para nuestras extremidades, sino que usa los pies como mapas donde se hayan representados todos los órganos del cuerpo, y a través de su estímulo promovemos la circulación sanguínea, energética, y nuestra tendencia natural a recuperar el equilibrio, u “homeostasis”. Eso no quita que los pies, como órganos, se beneficien también del masaje.

Sin embargo, la evolución de la Reflexoterapia ha llevado a diversos terapeutas del mundo a explorar otras asociaciones corporales, desarrollándose así la Reflexoterapia de manos, la Reflexoterapia de la columna vertebral, o la Reflexoterapia facial. En cada caso, una parte del cuerpo en particular revela diversas constelaciones de puntos y regiones que reflejan, cual espejos corporales, aquello que sucede en nuestro ser. Y el mecanismo por el cual su estimulación activa nuestra sanación está relacionado con los puentes que nuestro cerebro establece entre diferentes partes del cuerpo.

Lo sabían los egipcios, lo practicaban los chinos, y en nuestra civilización, gracias a haber sido redescubierta por profesionales de bata blanca, la Reflexoterapia no ha sido severamente cuestionada ni satanizada, ni ha tenido muchas dificultades para hacerse un hueco en el contexto sanitario, siendo reconocida como una forma de terapia válida y eficaz. La prueba está en iniciativas como la del Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona, que cuenta con un programa de Reflexoterapia podal en la unidad infantil de Onco-hematología.

La polémica radica en si debe ser practicada únicamente por integrantes de la comunidad médica convencional, o si debe ser puesta al alcance de un colectivo mayor, e incluso practicada a nivel doméstico. Algunos de sus precursores como la británica Doreen Bayley, abogaron por una difusión de la técnica más allá de las fronteras del sistema sanitario oficial, para capacitar al ciudadano con una técnica practicable a nivel doméstico. A diferencia de otros, como Hanna Marquardt en Alemania, que hizo exclusiva su enseñanza a los estudiantes de enfermería.


Sin embargo, la sencillez y practicidad de las diversas Reflexoterapias, lejos de la complejidad de otras formas de terapia, delatan su intención de devolver al individuo el control, o al menos el contacto, con su cuerpo y con su propio proceso de sanación. 

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