viernes, 14 de septiembre de 2018

Alternativas al azúcar: ¿son todas saludables?

Fructosa, melazas, sirope de ágave o manitol, existen múltiples opciones cuando queremos reemplazar el azúcar para escapar a los inconvenientes de este satanizado producto. La cuestión es ¿qué ventajas nos aportan? y ¿son tan saludables como parecen?



Imprescindible abordar una descripción del azúcar antes de considerar sus alternativas, sobretodo teniendo en cuenta la confusión que existe con respecto a este componente de la alimentación humana, pues bien sabemos que el azúcar es "malo", pero, ¿qué es el azúcar?

¿A qué llamamos azúcar?

En general hablando, el azúcar se refiere a la sacarosa, un glúcido complejo presente en el reino vegetal principalmente, y que forma parte, como glúcido, de la alimentación humana, junto con las proteínas, los lípidos o grasas, las vitaminas y los minerales.

Sin embargo, familiarmente usamos la palabra "azúcar" para designar, por un lado, el polvo blanco extraído de la caña de azúcar, refinado o no, que usamos comúnmente para endulzar bebidas o confeccionar postres, y por otro lado, llamamos "azúcares" a todos los miembros de la familia de los glúcidos, simples y complejos, que incluye, además de la sacarosa, la galactosa, la fructosa, el almidón, la celulosa, la maltosa, el glucógeno, la ribosa o la ribulosa. Es por ello que la aseveración "el azúcar es necesario en la alimentación" lleva a una desafortunada confusión pues, efectivamente, necesitamos glúcidos para vivir, pero no particularmente el azúcar de caña, que no deja de ser un derivado. Para mayor complicación, este grupo de nutrientes se conoce también como "hidratos de carbono" o "carbohidratos" y a menudo nos referimos a ellos como "fibra".

Los glúcidos

Nuestra necesidad de glúcidos se debe a las diversas funciones que sólo ellos pueden llevar a cabo en el organismo: producción de energía, formación de ADN y ARN, construcción de moléculas, o almacenamiento de información entre otras. La pregunta es ¿cuáles son los glúcidos que necesitamos realmente y de qué origen?

Los glúcidos están presentes en la mayoría de alimentos vegetales y algunos animales, por ejemplo, la lactosa se encuentra en la leche, el almidón en el arroz, o la fructosa en la fruta, y son metabolizados en nuestras células. Este proceso depende igualmente de otros compuestos presentes en los alimentos, como los oligoelementos, sin los cuales el organismo no puede hacer la transformación, por lo que pone en marcha otros mecanismos como la desmineralización de los huesos para substituir estos oligoelmentos ausentes. Es por ello que tanto el azúcar como la fructosa, disociados de la caña o de la fruta pueden, a medio o largo plazo, tener un efecto nocivo para la salud.

La mayor parte de las distintas pirámides alimenticias sitúan los glúcidos en la base, indicando que es el grupo de alimentos que deberíamos consumir en mayor cantidad, aunque existen corrientes dietéticas, como la dieta de la zona, la dieta Atkins o la dieta Fodmaps, que no comparten esta premisa. El caso es que este consenso mayoritario sobre la necesidad de priorizar los hidratos de carbono en la dieta lleva, igualmente, a una peligrosa confusión pues en general no se hace la diferencia entre los alimentos refinados y los completos. Como sabemos, los carbohidratos refinados como el arroz o el pan blancos, han sido desprovistos de su cáscara, donde se encuentran los oligoementos necesarios para su metabolismo, así como su fibra, además de que su índice glucémico o IG (capacidad de aumentar el nivel de azúcar en sangre) es mucho mayor que en esos mismos alimentos completos. Si además tenemos en cuenta que se confunde, como se ha explicado, a menudo el azúcar de caña con los glúcidos, esas mismas pirámides alimenticias pueden hacernos creer que es necesario y saludable consumir mucho azúcar blanco. ¿Absurdo? Una vez alguien me dijo que había escuchado en la radio que el azúcar era necesario para el buen funcionamiento del cerebro. La confusión es, para mí, un hecho.

Consecuencias del consumo excesivo de azúcar

A pesar de todo, es un hecho generalmente aceptado (aunque sólo sea a nivel teórico y no práctico) que el azúcar de caña es nocivo para la salud, pues numerosos estudios, además de la evidencia, demuestran que un exceso de este producto puede conllevar problemas cardiovasculares y hepáticos, inducir diabétes, promover la obesidad, alimentar tumores malignos, ser responsable de la hiperactividad infantil, además de estar indirectamente relacionado con la osteoporosis, la bulimia, un descenso de la inmunidad, o un aumento de la tensión arterial. El azúcar es, además, (y sin ánimo de parecer sensacionalista) extremamente adictivo, entrañando una dependencia similar a la del alcohol, el tabaco o incluso la cocaína.

¿Porqué, pues, seguimos consumiendo azúcar tan alegremente? Y, lo que es peor, ¿Porqué se lo damos a los niños?

El principal problema, para mí, es (además de este embrollo con respecto a lo que es el azúcar) la falta de verdadera consciencia sobre, por un lado, la cantidad que consumimos pues se calcula que en 1900 la media era de 5kg por persona al año, actualmente consumimos uns 36kg; por otro lado ignoramos realmente los peligros que conlleva su consumo. Para empeorar el cuadro se trata de un producto legal, socialmente aceptado y, lo peor de todo, escondido en un sinfín de alimentos procesados. En efecto, desde las sodas hasta el vinagre balsámico, pasando por el jamón, el ketchup, el pan, la charcutería o las sopas precocinadas, existe una larguísima lista de productos industriales que contienen azúcar como aditivo ya sea para potenciar el sabor, para mejorar la textura o para compensar el exceso de sal. Ni siquiera los productos que reclaman en su embalaje "sin azúcar añadido" están libres de sospecha, pues podemos encontrar en su lista de ingredientes el aditivo E460, célulosa de las fibras vegetales, un glúcido de incognito, o peor, puede que el azúcar se haya substituído por un edulcorante o azúcar de substitución.

Las alternativas artificiales

Desde la famosa sacarina, derivada del petróleo, sospechosa de promover cánceres, y prohibida en países como Canadá, hasta el neotame, desarrollada por Monsanto (el demonio de la alimentación) y prohibida en los productos Bio, muchos son los edulcorantes que se han desarrollado en distintos laboratorios para remplazar el azúcar de mesa, pensados principalemente para aquellos que siguen régimenes adelgazantes y para los diabéticos. Sin embargo, la evidencia ha ido demostrando que es peor el remedio que la enfermedad, literalmente, pues el manitol (presente en alimentos para diabéticos) está contraindicado en caso de problemas cardiovasculares y conlleva un riesgo de edema cerebral, y al sorbitol (componente habitual en las gomas de mascar sin azúcar) se le atribuye una oscura relación con la neuropatía diabética, por mencionar tan sólo algunos de estos dudosos reemplazantes. No es de extrañar que el público haya buscado alternativas más naturales.

Los edulcorantes naturales


A menudo, cuando buscamos una alternativa al azúcar blanco nos decantamos por el azúcar moreno, pues se trata del azúcar no refinado, que contiene naturalmente su melaza así como sales minerales y oligoelementos presentes en la caña de azúcar, y al cual se le llama también rapadura o moscovado. Pero ¡atención! a menudo lo que parece ser azúcar moreno no es más que azúcar blanco (refinado)al que le han añadido caramelo para oscurecerlo. También podemos encontrar azúcar "rubio", refinado parcialmente. En cualquier caso, blanco, rubio o moreno, el azúcar de caña tiene un alto IG (70) y, por tanto, su consumo continuado supone un riesgo para la salud.

Otra opción recurrida es la miel de toda la vida, rica en antioxidantes, vitaminas y minerales, menos calórica que el azúcar, pero con el mismo IG que este, por lo que no ganamos gran cosa. Personalmente, considero la miel más como un medicamento que como un alimento.

También la melaza, residuo de la cristalización del azúcar de caña (que contiene cenizas), rica en minerales y muy solicitada en reposteria, tiene un IG alto (70) que no la sitúa entre mis favoritas a la hora de remplazar el azúcar.

Hubo una época en que la fructosa en polvo fue uno de los favoritos en las tiendas de dietética, pues endulza mucho más que el azúcar de caña (por lo que usamos mucho menos) y es más bajo en calorías. Pero faltó poco tiempo para que su lado oscuro saliera a la luz, pues pronto se supo que, a la larga, aumenta la tolerancia a la insulina, aumenta los triglicéridos y promueve inflamaciones, quedando relegado a un uso ocasional.

Más tarde fue la moda de los siropes, de ágave, de arce, o de malta, por ejemplo. Aunque algunos de ellos cuentan con un IG bajo, como el de ágave (entre 15 y 40) o el de cebada (42), no dejan de ser ricos en fructosa y, algunos en sacarosa. Cuidado con el sirope de trigo o de maíz, pues tienen IG de 100 y de 115 respectivamente.

Últimamente veo otros tipos de azúcar en las estanterías de las tiendas "bio" como el de palma (que proviene de las palmeras de azúcar, distintas a aquellas que están talando masivamente para hacer aceite barato) de IG 35, o el de coco, rico en antioxidantes y vitaminas B y C, y con un pequeño IG (25) que lo convierte en el nuevo favorito de los que no quieren renunciar a endulzar sus desayunos, postres, bebidas y meriendas, pero que se preocupan por la salud.

La mala noticia es que todas estas alternativas naturales ejercen, a medio y largo plazo, un efecto acidificante del organismo y, peor aún, son adictivas. Es decir, estaremos substityendo algo malo por algo menos malo. Lo cual nos lleva al único producto remplazante que me parece posible si queremos nadar y guardar la ropa. Sin duda, se trata de la Stevia.

En su momento escribí un artículo sobre esta revolución dulce y sana por lo que resumiré diciendo que, después de años de loby corporativo, esta planta medicinal se ha hecho un lugar dentro de la alimentación saludable no sólo por su capacidad edulcorante (unas 300 veces más que el azúcar), sino porque es tolerada por los diabéticos y porque cuenta con un largo sinfín de propiedades. Se comercializa en forma de polvo, en gotas, en pastillas e incluso en infusión, e incluso se puede cultivar en casa. ¿Porqué, pues, no se ha lanzado todo el mundo a consumir Stevia? pues porque tiene un ligero sabor que no a todos complace, y porque su precio es ligeramente elevado, pues a fecha de hoy no se produce masivamente. Lo cual es una gran pena porque estoy convencida que si todos los consumidores de azúcar, sucedáneos y alternativas se pasasen a la Stevia, se terminaría la diabetes en el mundo. Confío en que llegue el día en que produzcan polvo de stevia sin sabor y las inyecciones de insulina no sean nunca más necesarias.

Sin embargo, y como reflexión última, cabe cuestionarse esta necesidad que tenemos de dulce, esta gran adicción camuflada que, a su vez, camufla otras carencias. Pues me consta que la necesidad exacerbada y epidémica de endulzar la alimentación no se debe a otra cosa que a la ansiedad, el desamor, el estrés o la fatiga, y sólo encarando y solucionando estos desequilibrios podremos llevar una vida sana, sin necesitar ni depender de ningún dulce.

Fuentes:

  • "The Sugar Blues" William Dufty
  • "Nutrition made easy" The Fitness Jumpsite TM 1995-2000
  • "Medicina y salud - guía práctica ilustrada de la A a la Z." Círculo de Lectores 1985.
  • "Encyclopaedia of natural medicine" Murray & Pizzorno 1990.

viernes, 24 de agosto de 2018

Aromaterapia en olfacción para el "blues" post-vacacional

Se acaban las vacaciones y la perspectiva de la vuelta a la rutina nos sumerge en un oscuro desazón. Las fuerzas nos fallan y no encontramos la motivación. ¿Habíais sospechado que oler ciertos aceites esenciales puede ayudarnos a superar el "blues" post-vacacional?



La olfactoterapia es una variante de la aromaterapia en la que los aceites esenciales se utilizan únicamente en olfacción, es decir, inhalando durante unos minutos directamente la botellita, o un pañuelo donde se hayan vertido unas gotas. Es una forma más directa y efectiva que la difusión, la cual usamos para crear ambientes en espacios como el despacho, la habitación o el cuarto de baño. La olfacción tiene la ventaja, frente a otras formas de aplicación de los aceites esenciales, de que es menos intrusiva y, por tanto, más segura pues no existe riesgo de irritación cutánea, y el potencial alergizante es mucho menor. Sin embargo, no debemos subestimar el poder de los aromas por vía aérea, pues las moléclas aromáticas viajan por las fosas nasales hasta el sistema límbico, nuestro cerebro de reptil, donde el sistema nervioso y el sistema endocrino se encuentran e intercambian información, y es por ello que lo aceites pueden ejercer influencia en las emociones como en el plano físico con tan solo olerlos.

Como sabréis, exsite un vasto y diverso abanico de acites esenciales entre los cuales elegir. He aquí mi pequeña selección personal de deliciosos aromas para ayudar a sobrellevar el regreso a la cotidianeidad.

Uno de mis aceites preferidos, la bergamota (Citrus bergamia), que recomiendo en general para la angústia e incluso a aquellos que intentan dejar de fumar, es un gran aliado en este periodo, pues promueve la confianza en uno  mismo de manera que podamos sentirnos cómodos y seguros en nuestro regreso a la sociedad.

En la misma línea, el romero cineol (Rosmarinus officinalis QT 1.8 cineol) promueve la seguridad en uno mismo, además de favorecer la concentración (como en jengibre), subir los ánimos y alejar la ansiedad que suele acompañar a aquellos que sufren de este estado.

También la albahaca tropical (Ocimum basilicum), que ejerce su influencia a nivel del estómago,
tanto en el plano físico (pues la aconsejamos en caso de náuseas) como en el emocional, puede aliviar la ansiedad cuando se manifiesta como "bola en el estómago", ayudándonos a relativizar y a afrontar los cambios con calma.

El niaouli (Melaleuca viridiflora) resulta muy útil cuando queremos atenuar una reacción demasiado emotiva por nuestra parte frente aquellos que se divierten tocándonos... la fibra sensible, uno de los motivos de angústia comunes frente al regreso al puesto de trabajo "voy a tener que aguantar de nuevo a...". Este aceite es además un gran preventivo de la fatiga.

Para la fatiga contamos también  con el comodín de la aromaterapia, el limón (Citrus limon), el cual combina bien con cualquier otro aceite, pero que además favorece la productividad profesional. Así que, autónomos, free-lances, o aquellos que os hayás propuesto ser más fecundos en vuestro trabajo, este es un aceite que no debe faltaros.

Otro aceite interesante, aunque menos habitual, es el mirto verde (Myrtus communis), pues no sólo nos protege frente al desánimo cartacterístico de este periodo post-vacacional, sino que contribuye a luchar contra los malos hábitos, muy útil si tenemos buenos propósitos para el año escolar que comienza.

Por supuesto que la lavanda fina (Lavandula officinalis), el más versátil de los aceites esenciales, tiene su función también en este cuadro de desazón de fin de verano, pues sustenta los ánimos en lo cotidiano, además de impulsar la creatividad.

Finalmente, uno de mis últimos descubrimientos en el universo aromático, el laurel noble (Laurus nobilis) o el aceite de los vencedores, no en vano los césares romanos se coronaban con hojas de laurel. Ideal para el pánico escénico y, en general para la expresión oral, pues se considera también el aceite de los oradores y cantantes. Además, encuentro su olor delicioso, por lo que resulta un placer acompañarse de él para salir a "escena" y triunfar.

Sin duda, existen otras vías naturales para superar este decaimiento de la vuelta al trabajo, como las Flores de Bach, perfectamente combinables con la Aromaterapia, entre otras herramientas, pero no debemos olvidar que, en último término, es el trabajo sobre el amor propio y un buen estado de salud general lo que nos otorgará las fuerzas físicas, mentales y emocionales para afrontar el final de las vacaciones y lo que tenga que venir.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Flores de Bach y Nutrición XXV: Red Chestnut, por tu bien

Amar al prójimo es, sin duda, algo loable, y es lógico querer cuidar a los allegados de la mejor manera posible, ofreciéndoles, entre otras cosas, una alimentación equilibrada. Sin embargo, los perfiles Red Chestnut tienden a llevar esta buena acción a un fastidioso y contraproducente extremo, movidos, además, por las emociones equivocadas.





Madres temerosas por la salud de sus retoños, cónyugues asustados por el sobrepeso de sus parejas, o hijos angustiados por los hábitos alimenticios de post-guerra de sus progenitores, los tipos Red Chestnut sufren sobremesura por el bienestar de sus seres queridos y por el daño que una alimentación inadecuada pueda causarles. Por ello, insisten (cuando no imponen) en la vigilancia extrema en la comida, y en la restricción absoluta de todo comestible de excesivo contenido en grasa, en azúcar o en cualquier ingrediente que pueda suponer un remoto peligro para la salud.

Olvidan que las imposiciones y las prohibiciones son una muy fértil tierra de abono para la rebelión, provocando pues, con sus intransigentes normas dietéticas, un total desacato (abierto o a escondidas), por parte de aquellos que a quienes intentan someter. Ellos creen que lo hacen "por su bien", pero no se dan cuenta de que su inquietud por el bienestar de los suyos no nace del amor sino del temor, emoción con la que sazonan cada equilibrado plato que ponen a la mesa, alimentando así el miedo, causa de tantos trastornos, en sus comensales.

El Castaño rojo puede ayudar a estos sufridores a ver el problema desde otro ángulo, es decir, a cuidar de la salud de los suyos desde la confianza y la alegría, y no desde el catastrofismo. Aprender que los buenos hábitos se inculcan con el ejemplo, y que los dulces tienen su lugar en la alimentación, como postre excepcional en las celebraciones. Comprender que el entorno social forma parte de la salud, y que aislar a un niño en un cumpleaños prohibiéndole que coma pastel, o poner en evidencia a la pareja en una cena de amigos por su gran apetito, no es una manera de ayudar a nadie.

Esta flor puede también ayudar a tomar consciencia de los propios miedos, que se proyectan en las personas del entorno en forma de "preocupación", para poder gestionarlos y, como consecuencia, dejar comer a los demás tranquilos.

miércoles, 25 de julio de 2018

Mis imprescindibles del verano


Mi despensa de remedios naturales suele estar bien surtida todo el año, con las maravillas que la Naturaleza ofrece. Sin embargo en verano, me vaya o no de vacaciones, me aseguro bien de tener en casa, o en mi lugar de veraneo, ciertos remedios, que sin duda voy a utilizar en un momento u otro. Aquí os dejo una lista de mis sospechosos habituales en la estación del calor.


Gel de Aloe Vera
En realidad, siempre tengo un bote de gel en casa, independientemente de la estación, pues es tan versátil esta planta que constituye para mí un comodín en mi botiquín. En efecto, su gel, que encontramos en el interior de la hoja, es cicatrizante, calmante, refrescante e hidratante, por lo que a nivel tópico tiene muchas aplicaciones en verano. Yo la uso sobretodo para las picaduras de insectos (cuando me pillan desprevenida), para los cortes y quemaduras, y para la sobre-exposición al sol, aunque a estas alturas, ya me cuido bien de que esto no me pase. Sobre la piel podemos utilizar directamente el gel de la planta, si estamos seguros de que se trata de la Aloe Vera Barbadens. En cambio, a nivel interno, pues se usa también para el tránsito, es mejor comprar un zumo de una casa comercial, pues el látex que también contienen las hojas puede no gustarle a nuestros intestinos. Recordad de la hoja se conserva bien en la nevera durante unos cuantos días.

Aceite esencial de citronella 
¡Que nunca me falte! Pues, como muchos sabéis, esta esencia es la clave para la lucha contra los mosquitos. Podemos realizar sprays, lociones (con el gel de Aloe Vera), o cremas, o utilizar velas que contengan citronella, cualquier medio es bueno para protegerse de esos molestos invasores. Sólo debe tenerse la precaución de no aplicar este aceite directamente sobre la piel, sino diluido, para evitar reacciones adversas. Sin embargo, este verano los mosquitos vienen fuertes, por lo que os aconsejo que penséis otros aceites esenciales, como el geranio, y estrategias para libraros de ellos.

Aceite esencial de lavanda aspic o espliego
Otro clásico del verano pues, dentro del grupo de las lavandas, es el más indicado para aliviar las picaduras de insectos, por su acción detoxificante. Por otro lado, como la lavanda fina o el lavandín, ejerce también una acción equilibradora del sistema nervioso, por lo que es genial en vacaciones si queremos librarnos del estrés. Para la aplicación tópica, yo prefiero mezclarlo con gel de Aloe Vera (ya os digo que este gel es multiusos) o con un aceite vegetal, de almendras por ejemplo, aunque para una picadura localizada, podemos poner una gota sobre la piel, si sabemos bien que no somos alérgicos. Hablando de alergias, atención con la lavanda porque es también muy versátil, otro comodín del botiquín verde, y tenemos tendencia a usarla para todo, pero puede ser alergizante. La Aromaterapia nos da una infinidad de opciones, por lo que es bueno variar.

Aceite esencial de árbol del té
También de botiquín, este aceite nos puede servir en muchas situaciones a lo largo del año, sin embargo, yo me aseguro de tener un frasco en verano si voy a frecuentar piscinas y baños públicos, pues en la lucha contra los hongos no tiene rival. Bueno, el único aceite esencial que puede compararse es el de manuka, pero no es tan habitual en las tiendas de productos naturales.

Aceite de coco
Está muy de moda, pues da mucho juego para realizar cremas caseras, y los veganos lo adoran en la cocina pues aguanta muy bien las altas temeperaturas, y es un buen substituyo de la mantequilla en la repostería. Personalmente, yo lo uso únicamente a nivel tópico o en el cabello, pues es, en efecto, muy hidratante, y da consistencia a las cremas. Tiene una cierta acción antifúngica y antibiótica, por lo que en verano es un gran aliado. Sin embargo en la cocina me abstengo pues es una grasa saturada, por muy vegana que sea, y prefiero usar otros aceites.

Aceite vegetal de zanahoria
A mí que me cuesta coger color en las piernas, pero al mismo tiempo no quiero quemarme, en verano siempre tengo una botellita de aceite vegetal de zanahora, que no es un aceite esencial (aunque también existe) sino un macerado de aplicación directa sobre la piel sin necesidad de dilución. Rico en beta-carotenos, nos ayuda a producir melanina, hormona que protege la piel y la ayuda a broncear, además de hidratar la piel. Lo utilizo también como serum de noche en el rostro, cuello y escote.

Comprimidos de beta-carotenos
No es el caso para mí este año, pero si sé que voy a exponerme mucho al sol en verano, además de la  protección de la piel, me gusta tomar un compuesto en beta-carotenos, para impedir o disminuir la oxidación que el calor y los rayos del sol puedan causarme, tanto en la piel como en el resto del organismo. Sólo hay que planificar y empezar a tomarlo unas semanas antes de la exposición al sol, para que sea más efectivo.

Protector solar UVA y UVB
Si, como yo, crecisteis en los ochenta, quizás hayáis sido víctimas de las cremas solares de la época, que no sólo no protegían del sol, sino que ayudaban a quemar aún más la piel. Es por ello, y porque mi madre sufrió un cáncer de piel (del que salió sana y salva, afortunadamente), que yo ahora no me ando con tonterías, y uso en verano una crema solar facial UVA y UVB factor 30 a diario, incluso cuando no voy a la playa. El año pasado realicé un taller sobre la protección solar, aquí os dejo este artículo con toda la información. ¡No os la juguéis!

Menta y limón
No es que desatienda mi plantita de menta el resto del año, pero en verano me aseguro de que esté bien hidratada, y de tener siempre limones en casa. Para los mojitos, pensaréis, pues no precisamente aunque podemos realizar deliciosos y sanos mocktails con estos ingredientes, libres de resaca. En realidad las hojas de menta las uso en el taboulé, y en infusión, ¿en verano? ¡qué calor!, bueno, por si no lo sabéis, la menta es una planta de naturaleza fría que incluso tomada caliente refresca el cuerpo. Por otro lado, también podemos hacer un té frío, con té verde, hojas de menta y limón, añadiendo un poco de hielo, que nos alivie del calor. O simplemente agua con un limón troceado dentro (bio, sino vais a beber muchos pesticidas) y hojas de menta, y a la nevera. Aunque ¡cuidado con las bebidas frías! a la digestión no le van nada bien, y pueden alterar el termostato interno. No exageremos.

Alimentación
Finalmente, intento siempre estar en coherencia con la estación, comiendo alimentos de temporada, que en verano son los más coloridos y jugosos, como los frutos rojos, que mantengan mi armonía, no sólo física sino mental y emocional. Yo como más ensaladas y verduras crudas en verano, puesto que refrescan y aportan nutrientes vivos, a diferencia de las estaciones más frías en que lo cocinado me sienta mejor. Sé que el crudivorismo está muy en voga pero yo, y de acuerdo a los preceptos de la dietética energética, opino, y constato, que no es para todo el mundo, o al menos, para todos los momentos del día ni del año. Hay que tener un sistema digestivo muy en forma, y masticar mucho para poder bien digerirlos y beneficiarnos de sus vitaminas y minerales, lo cual, no es el caso en la mayoría de personas. Los crudos son, en general, alimentos muy yin (fríos) que conviene consumir en los momentos yang (calientes), como el mediodía o el verano.

Seguro que olvido algo pero a groso modo, estos son mis habituales del verano, que me ayudan en la prevención y a estar en forma en este momento tan exuberante y delicioso del año. ¿Cuáles son los vuestros?

miércoles, 11 de julio de 2018

Kéfir, ¿bebida milagrosa?

¿Solución de todos los males? ¿Panacea en granos? El Kéfir cuenta con una reputación imbatible en el mundo de la Naturopatía como producto milagro, y es una de las recetas imprescindibles de aquellos que apuestan por el "hecho en casa". Pero muchos otros testimonian sus efectos adversos. ¿Debemos consumir esta bebida gaseosa casera a ojos vendados?



Para los que no conozcáis el kéfir, os cuento que es el resultado de una fermentación a base de leche o de fruta, gracias a los gránulos de kéfir, que ejerce una acción probiótica en el organismo, lo cual produce efectos positivos en la flora intestinal, el tránsito y el sistema inmunitario, con todos los beneficios para el organismo que de ello se derivan.

Los gránulos son un conjunto de levaduras y bacterias probióticas (como el lactobacillus lactifs o el lactobacillus caucasius), microorganismos vivos que se nutren del azúcar en la leche, en la fruta, o del azúcar mismo, y que secretan enzymas que permiten la fermentación, provocando una degradación positiva de la materia orgánica que permite una mejor digestión y asimilación así como una mejor conservación de la misma. A estos granos, que si se los alimenta se reproducen y multiplican infinitamente, se les llama también SCOBY, que son las siglas en ingés de "symbiotic colony of bacteria and yeast" (colonia simbiótica de bacterias y levaduras).

Debemos diferenciar entre el kéfir de leche y el kéfir de agua o fruta. El primero se conoce desde el final del siglo XIX y el segundo desde el siglo XVIII, aunque existen vestigios muchos más ancestrales, en Mesopotamia como en el Tíbet, que sugieren que esta bebida acompaña a la humanidad desde el principio de los tiempos.

A ambos se les atribuyen numerosas virtudes, desde el alivio de dolores musculares hasta una acción anti-cancerígena, y podemos encontrar, sin duda, testimonios impactantes en la red, como el que cuenta la desaparición milagrosa de una psoriasis al cabo de unas pocas semanas de la toma de esta bebida. La misma madre Teresa de Calcuta tenía su receta de Kéfir de agua que recomendaba tomar todos los días en ayunas. No obstante, también existen aquellos que relatan experiencias negativas, como intensos dolores de estómago o diarreas tras su consumo. Por lo que cabe analizar los reproches que se le hacen a esta bebida.

Alcohol
El kéfir contiene una dosis muy débil de alcohol, entre el 0,2 y el 2%, dependiendo del tiempo de fermentación principalmente, por lo que algunos detractores lo desaconsejan a  niños, embarazadas y convalecientes. Pero cuando pienso que mi madre (como muchas mujeres de su generación) bebió vino a diario en cada uno de sus cinco embarazos y parió cinco hijos sanos, me digo que un mísero 1% de alcohol en una bebida digestiva, no puede hacer daño a nadie. Sin embargo, no voy a ser yo quien promueva el consumo de alcohol durante la gestación, y cada organismo es distinto (las mujeres de la posguerra estaban hechas de otra pasta), por lo que, como siempre, a las embarazadas recomiendo consulten con un profesional de la salud previamente. Si, a pesar de todo, la bebida nos embriaga, deberíamos revisar la receta (pues existen muchas versiones), aunque yo nunca he oído hablar de una borrachera de kéfir.

Azúcar
En el caso del kéfir de agua o fruta, la elaboración implica una buena dosis de azúcar blanco o moreno de caña, cosa que ahuyenta a algunos pues es un hecho constatado que el azúcar es un enemigo de la salud (principio que yo enfatizo constantemente). ¿Cómo es posible, pues, que una bebida saludable contenga azúcar? En realidad no lo contiene, pues el azúcar sirve para alimentar los gránulos y que estos puedan hacer su trabajo y reproducirse. Si las cantidades de los ingredientes de la receta son correctos y equilibrados, al final de la fermentación ya no queda azúcar (o poquísimo) en la bebida, y una vez filtrados, los gránulos deben ser conservados en un pote de vidrio con agua y de nuevo azúcar para que puedan seguir alimentándose. La prueba esta en que la bebida no es, para nada, dulce, pues hay quien añade, antes de servir, un edulcorante para mejorar el sabor (que para nada es desagradable).

Kéfir industrial
Tan popular es esta bebida que podemos encontrarla embotellada en las neveras de algunas tiendas de productos naturales. Hay que saber que si la bebida está pasteurizada o contiene conservantes, no puede garantizar la acción probiótica que se le atribuye. Por otro lado, el kéfir industrial suele estar hecho con un número reducido de levaduras y bacterias, a diferencia del kéfir casero, pues es kéfir de síntesis, por lo que, de nuevo, sus propiedades quedan comprometidas. No os sorprendáis pues si vuestro sistema digestivo no registra ningún cambio o, peor, se resiente con una de estas "sodas naturales".

Kéfir en polvo
Una de las cosas positivas del kéfir es que los gránulos se comparten, es decir, al reproducirse infinitamente, los que elaboramos la bebida en casa, acabamos con cantidades desbordantes de gránulos, por lo que debemos dar una parte a otros, pues nos da pena tirarlos por el desagüe (son organismos vivos). Hay quien los vende, pero no vale la pena pues, a poco que busquéis, encontraréis quien tiene cuatro o cinco tarros en la nevera esperando ser adoptados. Pero también podemos encontrar "kéfir" en polvo de venta en algunos comercios o farmacias, que en general están formados de unos pocos microbios distintos para preparar bebidas gaseosas. No os dejéis engañar, no es el verdadero kéfir y no tiene las mismas propiedades que este. No obstante, es posible hacer secar los gránulos, si no conseguimos deshacernos de ellos o si no queremos hacer más kéfir, para guardarlos y reanimarlos más adelante con agua azucarada. Pero estos gránulos secos no son lo mismo que el polvo que venden como pseudo-kéfir.

Adaptación
Una de las críticas más encarecidas que he conocido contra el kéfir es que produce, como comento más arriba, gastralgias o diarreas. Por supuesto que ningún alimento es para todo el mundo, por ejemplo, parece ser que los higos (ingrediente habitual en el kéfir de frutas) es mal tolerado por los celíacos. Así, aquellos que evitan el gluten pueden pensar que el kéfir de agua, al no contener harina de ningún tipo, es libre de sospecha, y tener una mala experiencia tras su consumo. Pero sospecho que el problema principal es que, por entusiasmo excesivo o por desespero, algunos se lanzan a  beber kéfir a galones con la ilusión de que se trata de la poción de Panoramix, sin permitir al cuerpo adaptarse a esta ingesta súbita de microorganismo hasta el momento desconocidos por él. Ello puede provocar, sin duda, reacciones adversas, por lo que debemos empezar por un vaso al día y aumentar progresivamente.

Pues vivimos en una cultura en que buscamos fórmulas mágicas que nos devuelvan la salud al instante, sin ningún esfuerzo de nuestra parte (que no sea el económico), y eso, bajo el punto de vista de la Naturopatía, no existe. La salud se trabaja, de la misma forma que se trabaja un cuerpo atlético o el dominio de un instrumento musical. No hay píldoras ni brebajes milagrosos que nos transformen de la noche a la mañana (aunque algunas casas comerciales quieran hacernos creer lo contrario), porque la salud es un compromiso a largo plazo. Sin embargo, existen alimentos y bebidas con un efecto positivo en nuestro organismo que constituyen elementos útiles y necesarios en la construcción y mantenimiento de nuestro bienestar. Una de estas bebidas es, para un gran grupo de personas, el kéfir.

Aquí os dejo una receta que a mí me funciona bien. Salud.

Kéfir de limón e higos secos
2 litros de agua mineral
40 gramos de granos de kéfir frutas
100 gramos de azúcar blanco o moreno (es posible hacerlo con miel, pero esta contiene antibióticos naturales que pueden molestar a las bacterias de los gránulos, por contra, ni los edulcorantes artificiales ni la stevia sirven pues no pueden nutrir los microorganismos)
2 higos secos
1/2 limón cortado en cuatro.

Limpiar los gránulos con agua pura e introducir en un recipiente de vidrio con el azúcar y 3/4 del agua. Remover. Introducir los higos y el limón y añadir el resto del agua. Cubrir con una gasa limpia y dejar a temperatura ambiente al abrigo del calor y la luz directa del sol. El segundo y tercer día remover con una cuchara de madera. El cuarto día filtrar con un colador de plástico (nunca de aluminio) y meter en una botella de vidrio con cierre hermético. Dejar la botella en el frigorífico durante una semana. Aclarar los gránulos con agua pura y conservar en un tarro de cristal con agua y azúcar, para la próxima producción de kéfir. Durante la semana, podemos abrir la botella ligeramente una vez al día para evitar una efervescencia violenta o una explosión (si las dosis de los ingredientes no son justas). Consumir al cabo de la semana, empezando por un vaso al día. La bebida se conserva en la nevera 15 días aproximadamente, máximo un mes. Los gránulos deben ser limpiados y alimentados con azúcar cada 10 o 15 días.

Fuentes:
- Boissons fermentées: du kéfir au kombucha. Linda Louis. Éditions La Plage. Paris 2017.
- https://nicrunicuit.com
- http://www.nourriture-sante.com/le-kefir-de-lait-peut-il-vous-aider/
- https://www.onmeda.fr/forum/sant%C3%A9-g%C3%A9n%C3%A9rale/405771-mon-experience-negative-avec-le-kefir
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jueves, 28 de junio de 2018

Mocktails, cocktails saludables para veladas sin alcohol

No todo el mundo consume alcohol, e incluso aquellos que lo hacen, prefieren, en ocasiones, evitarlo. Sin embargo, las veladas veraniegas al agua mineral o a la soda, resultan poco apetecibles. He aquí algunas ideas de combinados aptos para todos, con ingredientes interesantes como la kombucha, la maca o el aloe vera, para dar opciones sanas y estimulantes a nuestros invitados.


Del inglés "mock", que significa burla, el término "mocktail" define la bebida que emula un cocktail pero que está exenta de alcohol. Los mocktails son más y más populares, pues ya sea por abstinencia, embarazo, o simplemente para evitar una desagradable resaca al día siguiente, son muchas las personas que eligen no embriagarse, incluso en la más salvaje de las fiestas.

En general, contienen los mismos ingredientes que los cocktails clásicos, con excepción del licor, que es remplazado por una substancia de sabor fuerte, como el jengibre, para darle chispa. Yo os propongo unas recetas de mocktails con un plus: ingredientes como el zumo de aloe vera, la kombucha, o la maca, para que podáis ofrecer en vuestras veladas bebidas no sólo no dañinas y aptas para todos, sino además, beneficiosas para la salud.

Margarita al Aloe Vera

Ingredientes:
3cs de sirope de ágave
2cs de sirope de limón
2cs de zumo de lima
1cs de zumo de jengibre
100ml de zumo de aloe vera
200ml de gasesosa
10 gotas de extracto de flor de naranjo
Hielo
Sal y pimienta cayena en polvo par decorar el reborde de la copa

Mezclar en una batidora los ingredientes y servir en las copas decoradas con la sal y la pimienta.

El Aloe Vera es una planta grasa (y no un cactus) que se utiliza por sus propiedades medicinales desde hace 5000 años. La pulpa o gel tiene propiedades emolientes y lucha contra la sequedad, pues es hidratante además de cicatrizante, regeneradora y detoxificante, favoreciendo también el tránsito intestinal.

Mojito a la Kombucha

Ingredientes:
4cs de azúcar moreno de caña
6cs de zumo de lima
200ml de gaseosa
100ml de kombucha
Menta fresca
Hielo

Mezclar el azúcar con la menta en un mortero y meter en el fondo del vaso. Mezclar el zumo de lima con la kombucha y el hielo en una batidora y servir en el vaso. Rellenar con la gaseosa.

La kombucha es una bebida obtenida a partir de un cultivo de bacterias y de levaduras. Es reputada por su acción benéfica en los problemas de digestión, para la detoxificación y por su potencial energetizante. Cuando no está pasteurizada ni contiene conservantes, esta bebida guarda todas sus propiedades.

Piña Colada a la Maca

Ingredientes:
1cs de azúcar de caña
150ml de leche de coco
300ml de zumo de piña
1 piña troceada
2 cs de maca en polvo
Hielo

Mezclar todos los ingredientes en la batidora, servir y decorar el vaso con un pedazo de piña.

También conocida como el "ginseng peruano", la Maca es una raíz autóctona del altiplano andino de reconocida acción afrodisíaca, aunque también se utiliza para combatir la fatiga, pues contiene una importante cantidad de hierro. Se considera un adaptógeno, como el ginseng, y puede llegar a combatir la depresión.

Estas son recetas probadas por una servidora, y si las realizáis, como yo, con buen humor, os garantizo el éxito.


miércoles, 13 de junio de 2018

Flores de Bach y Nutrición XXIV: Pine, pecados golosos

La culpa es un sentimiento muy arraigado y nutrido en nuestra cultura, y en el plano alimenticio esta ancestral emoción tiene de qué darse un verdadero atracón. Actitudes muy auto-destructivas pueden derivarse de ello, pero el perdón que nos aporta Pine puede ayudarnos a expiar nuestros pecados gastronómicos, que tan avergonzados nos deja en ocasiones.




Existe una relación intrínseca entre la comida y la culpa, pues cuando intentamos cambiar de hábitos alimenticios, y caemos en una transgresión dietética, el sentimiento de arrepentimiento es habitual y puede conllevar desde una simple regañina interna, hasta comportamientos bulímicos, en el peor de los casos.

Es el caso de los tipos Pine, individuos muy exigentes con ellos mismos y raramente contentos con sus logros, lo cual, en el plano nutricional, puede llevarlos a alargar un ayuno más de lo conveniente, a bajar demasiado de peso, o a privarse de descubrir alimentos nuevos, por si acaso. Su intransigencia e idealismo les hace perder la objetividad y el contacto con la realidad, y los lleva al masoquismo (pues la culpa pide castigo) amargándoles la vida y sumergiéndoles en una frustración perpetua. Así, un desliz en la cena, en forma de azucarado postre, puede ponerles en estricta penitencia durante dos semanas, sin que ello vaya a hacerles sentir mejor.

El Pino albar como remedio floral nos enseña la aceptación de la realidad y sus limitaciones, y transforma el sentimiento de culpa en compasión y tolerancia hacia uno mismo. Se aprende de los errores y de las debilidades, pues es necesario comprender porqué el cuerpo nos pide un determinado alimento en un momento preciso, para poder adaptar la alimentación y revisar las emociones que se encuentran, sin duda, detrás de ciertos apetitos.

Al fin y al cabo, siempre he pensado que la culpa engorda, pues produce estrés, lo cual nos hace segregar adrenalina, que interfiere con la digestión, creando malabsorción con sus consecuentes gases e hinchazón abdominal. Por lo que si debemos cometer una infracción en la mesa, es mucho más sano hacerlo con toda la alegría del mundo para, al menos, disfrutar de la felicidad que ese pequeño delito pueda aportarnos. Solo hay que beber mucha agua al día siguiente, con un poco de Pine, por si acaso.