miércoles, 11 de julio de 2018

Kéfir, ¿bebida milagrosa?

¿Solución de todos los males? ¿Panacea en granos? El Kéfir cuenta con una reputación imbatible en el mundo de la Naturopatía como producto milagro, y es una de las recetas imprescindibles de aquellos que apuestan por el "hecho en casa". Pero muchos otros testimonian sus efectos adversos. ¿Debemos consumir esta bebida gaseosa casera a ojos vendados?



Para los que no conozcáis el kéfir, os cuento que es el resultado de una fermentación a base de leche o de fruta, gracias a los gránulos de kéfir, que ejerce una acción probiótica en el organismo, lo cual produce efectos positivos en la flora intestinal, el tránsito y el sistema inmunitario, con todos los beneficios para el organismo que de ello se derivan.

Los gránulos son un conjunto de levaduras y bacterias probióticas (como el lactobacillus lactifs o el lactobacillus caucasius), microorganismos vivos que se nutren del azúcar en la leche, en la fruta, o del azúcar mismo, y que secretan enzymas que permiten la fermentación, provocando una degradación positiva de la materia orgánica que permite una mejor digestión y asimilación así como una mejor conservación de la misma. A estos granos, que si se los alimenta se reproducen y multiplican infinitamente, se les llama también SCOBY, que son las siglas en ingés de "symbiotic colony of bacteria and yeast" (colonia simbiótica de bacterias y levaduras).

Debemos diferenciar entre el kéfir de leche y el kéfir de agua o fruta. El primero se conoce desde el final del siglo XIX y el segundo desde el siglo XVIII, aunque existen vestigios muchos más ancestrales, en Mesopotamia como en el Tíbet, que sugieren que esta bebida acompaña a la humanidad desde el principio de los tiempos.

A ambos se les atribuyen numerosas virtudes, desde el alivio de dolores musculares hasta una acción anti-cancerígena, y podemos encontrar, sin duda, testimonios impactantes en la red, como el que cuenta la desaparición milagrosa de una psoriasis al cabo de unas pocas semanas de la toma de esta bebida. La misma madre Teresa de Calcuta tenía su receta de Kéfir de agua que recomendaba tomar todos los días en ayunas. No obstante, también existen aquellos que relatan experiencias negativas, como intensos dolores de estómago o diarreas tras su consumo. Por lo que cabe analizar los reproches que se le hacen a esta bebida.

Alcohol
El kéfir contiene una dosis muy débil de alcohol, entre el 0,2 y el 2%, dependiendo del tiempo de fermentación principalmente, por lo que algunos detractores lo desaconsejan a  niños, embarazadas y convalecientes. Pero cuando pienso que mi madre (como muchas mujeres de su generación) bebió vino a diario en cada uno de sus cinco embarazos y parió cinco hijos sanos, me digo que un mísero 1% de alcohol en una bebida digestiva, no puede hacer daño a nadie. Sin embargo, no voy a ser yo quien promueva el consumo de alcohol durante la gestación, y cada organismo es distinto (las mujeres de la posguerra estaban hechas de otra pasta), por lo que, como siempre, a las embarazadas recomiendo consulten con un profesional de la salud previamente. Si, a pesar de todo, la bebida nos embriaga, deberíamos revisar la receta (pues existen muchas versiones), aunque yo nunca he oído hablar de una borrachera de kéfir.

Azúcar
En el caso del kéfir de agua o fruta, la elaboración implica una buena dosis de azúcar blanco o moreno de caña, cosa que ahuyenta a algunos pues es un hecho constatado que el azúcar es un enemigo de la salud (principio que yo enfatizo constantemente). ¿Cómo es posible, pues, que una bebida saludable contenga azúcar? En realidad no lo contiene, pues el azúcar sirve para alimentar los gránulos y que estos puedan hacer su trabajo y reproducirse. Si las cantidades de los ingredientes de la receta son correctos y equilibrados, al final de la fermentación ya no queda azúcar (o poquísimo) en la bebida, y una vez filtrados, los gránulos deben ser conservados en un pote de vidrio con agua y de nuevo azúcar para que puedan seguir alimentándose. La prueba esta en que la bebida no es, para nada, dulce, pues hay quien añade, antes de servir, un edulcorante para mejorar el sabor (que para nada es desagradable).

Kéfir industrial
Tan popular es esta bebida que podemos encontrarla embotellada en las neveras de algunas tiendas de productos naturales. Hay que saber que si la bebida está pasteurizada o contiene conservantes, no puede garantizar la acción probiótica que se le atribuye. Por otro lado, el kéfir industrial suele estar hecho con un número reducido de levaduras y bacterias, a diferencia del kéfir casero, pues es kéfir de síntesis, por lo que, de nuevo, sus propiedades quedan comprometidas. No os sorprendáis pues si vuestro sistema digestivo no registra ningún cambio o, peor, se resiente con una de estas "sodas naturales".

Kéfir en polvo
Una de las cosas positivas del kéfir es que los gránulos se comparten, es decir, al reproducirse infinitamente, los que elaboramos la bebida en casa, acabamos con cantidades desbordantes de gránulos, por lo que debemos dar una parte a otros, pues nos da pena tirarlos por el desagüe (son organismos vivos). Hay quien los vende, pero no vale la pena pues, a poco que busquéis, encontraréis quien tiene cuatro o cinco tarros en la nevera esperando ser adoptados. Pero también podemos encontrar "kéfir" en polvo de venta en algunos comercios o farmacias, que en general están formados de unos pocos microbios distintos para preparar bebidas gaseosas. No os dejéis engañar, no es el verdadero kéfir y no tiene las mismas propiedades que este. No obstante, es posible hacer secar los gránulos, si no conseguimos deshacernos de ellos o si no queremos hacer más kéfir, para guardarlos y reanimarlos más adelante con agua azucarada. Pero estos gránulos secos no son lo mismo que el polvo que venden como pseudo-kéfir.

Adaptación
Una de las críticas más encarecidas que he conocido contra el kéfir es que produce, como comento más arriba, gastralgias o diarreas. Por supuesto que ningún alimento es para todo el mundo, por ejemplo, parece ser que los higos (ingrediente habitual en el kéfir de frutas) es mal tolerado por los celíacos. Así, aquellos que evitan el gluten pueden pensar que el kéfir de agua, al no contener harina de ningún tipo, es libre de sospecha, y tener una mala experiencia tras su consumo. Pero sospecho que el problema principal es que, por entusiasmo excesivo o por desespero, algunos se lanzan a  beber kéfir a galones con la ilusión de que se trata de la poción de Panoramix, sin permitir al cuerpo adaptarse a esta ingesta súbita de microorganismo hasta el momento desconocidos por él. Ello puede provocar, sin duda, reacciones adversas, por lo que debemos empezar por un vaso al día y aumentar progresivamente.

Pues vivimos en una cultura en que buscamos fórmulas mágicas que nos devuelvan la salud al instante, sin ningún esfuerzo de nuestra parte (que no sea el económico), y eso, bajo el punto de vista de la Naturopatía, no existe. La salud se trabaja, de la misma forma que se trabaja un cuerpo atlético o el dominio de un instrumento musical. No hay píldoras ni brebajes milagrosos que nos transformen de la noche a la mañana (aunque algunas casas comerciales quieran hacernos creer lo contrario), porque la salud es un compromiso a largo plazo. Sin embargo, existen alimentos y bebidas con un efecto positivo en nuestro organismo que constituyen elementos útiles y necesarios en la construcción y mantenimiento de nuestro bienestar. Una de estas bebidas es, para un gran grupo de personas, el kéfir.

Aquí os dejo una receta que a mí me funciona bien. Salud.

Kéfir de limón e higos secos
2 litros de agua mineral
40 gramos de granos de kéfir frutas
100 gramos de azúcar blanco o moreno (es posible hacerlo con miel, pero esta contiene antibióticos naturales que pueden molestar a las bacterias de los gránulos, por contra, ni los edulcorantes artificiales ni la stevia sirven pues no pueden nutrir los microorganismos)
2 higos secos
1/2 limón cortado en cuatro.

Limpiar los gránulos con agua pura e introducir en un recipiente de vidrio con el azúcar y 3/4 del agua. Remover. Introducir los higos y el limón y añadir el resto del agua. Cubrir con una gasa limpia y dejar a temperatura ambiente al abrigo del calor y la luz directa del sol. El segundo y tercer día remover con una cuchara de madera. El cuarto día filtrar con un colador de plástico (nunca de aluminio) y meter en una botella de vidrio con cierre hermético. Dejar la botella en el frigorífico durante una semana. Aclarar los gránulos con agua pura y conservar en un tarro de cristal con agua y azúcar, para la próxima producción de kéfir. Durante la semana, podemos abrir la botella ligeramente una vez al día para evitar una efervescencia violenta o una explosión (si las dosis de los ingredientes no son justas). Consumir al cabo de la semana, empezando por un vaso al día. La bebida se conserva en la nevera 15 días aproximadamente, máximo un mes. Los gránulos deben ser limpiados y alimentados con azúcar cada 10 o 15 días.

Fuentes:
- Boissons fermentées: du kéfir au kombucha. Linda Louis. Éditions La Plage. Paris 2017.
- https://nicrunicuit.com
- http://www.nourriture-sante.com/le-kefir-de-lait-peut-il-vous-aider/
- https://www.onmeda.fr/forum/sant%C3%A9-g%C3%A9n%C3%A9rale/405771-mon-experience-negative-avec-le-kefir
-

jueves, 28 de junio de 2018

Mocktails, cocktails saludables para veladas sin alcohol

No todo el mundo consume alcohol, e incluso aquellos que lo hacen, prefieren, en ocasiones, evitarlo. Sin embargo, las veladas veraniegas al agua mineral o a la soda, resultan poco apetecibles. He aquí algunas ideas de combinados aptos para todos, con ingredientes interesantes como la kombucha, la maca o el aloe vera, para dar opciones sanas y estimulantes a nuestros invitados.


Del inglés "mock", que significa burla, el término "mocktail" define la bebida que emula un cocktail pero que está exenta de alcohol. Los mocktails son más y más populares, pues ya sea por abstinencia, embarazo, o simplemente para evitar una desagradable resaca al día siguiente, son muchas las personas que eligen no embriagarse, incluso en la más salvaje de las fiestas.

En general, contienen los mismos ingredientes que los cocktails clásicos, con excepción del licor, que es remplazado por una substancia de sabor fuerte, como el jengibre, para darle chispa. Yo os propongo unas recetas de mocktails con un plus: ingredientes como el zumo de aloe vera, la kombucha, o la maca, para que podáis ofrecer en vuestras veladas bebidas no sólo no dañinas y aptas para todos, sino además, beneficiosas para la salud.

Margarita al Aloe Vera

Ingredientes:
3cs de sirope de ágave
2cs de sirope de limón
2cs de zumo de lima
1cs de zumo de jengibre
100ml de zumo de aloe vera
200ml de gasesosa
10 gotas de extracto de flor de naranjo
Hielo
Sal y pimienta cayena en polvo par decorar el reborde de la copa

Mezclar en una batidora los ingredientes y servir en las copas decoradas con la sal y la pimienta.

El Aloe Vera es una planta grasa (y no un cactus) que se utiliza por sus propiedades medicinales desde hace 5000 años. La pulpa o gel tiene propiedades emolientes y lucha contra la sequedad, pues es hidratante además de cicatrizante, regeneradora y detoxificante, favoreciendo también el tránsito intestinal.

Mojito a la Kombucha

Ingredientes:
4cs de azúcar moreno de caña
6cs de zumo de lima
200ml de gaseosa
100ml de kombucha
Menta fresca
Hielo

Mezclar el azúcar con la menta en un mortero y meter en el fondo del vaso. Mezclar el zumo de lima con la kombucha y el hielo en una batidora y servir en el vaso. Rellenar con la gaseosa.

La kombucha es una bebida obtenida a partir de un cultivo de bacterias y de levaduras. Es reputada por su acción benéfica en los problemas de digestión, para la detoxificación y por su potencial energetizante. Cuando no está pasteurizada ni contiene conservantes, esta bebida guarda todas sus propiedades.

Piña Colada a la Maca

Ingredientes:
1cs de azúcar de caña
150ml de leche de coco
300ml de zumo de piña
1 piña troceada
2 cs de maca en polvo
Hielo

Mezclar todos los ingredientes en la batidora, servir y decorar el vaso con un pedazo de piña.

También conocida como el "ginseng peruano", la Maca es una raíz autóctona del altiplano andino de reconocida acción afrodisíaca, aunque también se utiliza para combatir la fatiga, pues contiene una importante cantidad de hierro. Se considera un adaptógeno, como el ginseng, y puede llegar a combatir la depresión.

Estas son recetas probadas por una servidora, y si las realizáis, como yo, con buen humor, os garantizo el éxito.


miércoles, 13 de junio de 2018

Flores de Bach y Nutrición XXIV: Pine, pecados golosos

La culpa es un sentimiento muy arraigado y nutrido en nuestra cultura, y en el plano alimenticio esta ancestral emoción tiene de qué darse un verdadero atracón. Actitudes muy auto-destructivas pueden derivarse de ello, pero el perdón que nos aporta Pine puede ayudarnos a expiar nuestros pecados gastronómicos, que tan avergonzados nos deja en ocasiones.




Existe una relación intrínseca entre la comida y la culpa, pues cuando intentamos cambiar de hábitos alimenticios, y caemos en una transgresión dietética, el sentimiento de arrepentimiento es habitual y puede conllevar desde una simple regañina interna, hasta comportamientos bulímicos, en el peor de los casos.

Es el caso de los tipos Pine, individuos muy exigentes con ellos mismos y raramente contentos con sus logros, lo cual, en el plano nutricional, puede llevarlos a alargar un ayuno más de lo conveniente, a bajar demasiado de peso, o a privarse de descubrir alimentos nuevos, por si acaso. Su intransigencia e idealismo les hace perder la objetividad y el contacto con la realidad, y los lleva al masoquismo (pues la culpa pide castigo) amargándoles la vida y sumergiéndoles en una frustración perpetua. Así, un desliz en la cena, en forma de azucarado postre, puede ponerles en estricta penitencia durante dos semanas, sin que ello vaya a hacerles sentir mejor.

El Pino albar como remedio floral nos enseña la aceptación de la realidad y sus limitaciones, y transforma el sentimiento de culpa en compasión y tolerancia hacia uno mismo. Se aprende de los errores y de las debilidades, pues es necesario comprender porqué el cuerpo nos pide un determinado alimento en un momento preciso, para poder adaptar la alimentación y revisar las emociones que se encuentran, sin duda, detrás de ciertos apetitos.

Al fin y al cabo, siempre he pensado que la culpa engorda, pues produce estrés, lo cual nos hace segregar adrenalina, que interfiere con la digestión, creando malabsorción con sus consecuentes gases e hinchazón abdominal. Por lo que si debemos cometer una infracción en la mesa, es mucho más sano hacerlo con toda la alegría del mundo para, al menos, disfrutar de la felicidad que ese pequeño delito pueda aportarnos. Solo hay que beber mucha agua al día siguiente, con un poco de Pine, por si acaso.

jueves, 31 de mayo de 2018

Anti-inflamatorios naturales y síndrome del túnel carpiano

En mi batalla contra el síndrome del túnel carpiano, condición que me acomete por temporadas desde hace más de 10 años, y que últimamente se pronuncia de forma violenta, echo mano de mis astucias de naturópata en un esfuerzo por evitar la fatídica operación que mutile para siempre un pequeño ligamento en mi muñeca, al cual, como al resto de órganos y tejidos de mi cuerpo, le tengo aprecio.



Para aquellos que, sorprendentemente, no hayáis oído hablar de ello (pues suele haber un caso en cada familia), os contaré que se trata de una inflamación del nervio mediano en la muñeca, que queda atrapado por el ligamento carpiano transverso y provoca entumecimiento, hormigueo y dolor en todo el miembro superior, siendo especialmente doloroso por la noche, en mitad del sueño, implicando una disminución en la calidad del mismo. Esto, a largo plazo, es una causa indirecta del deterioro general de la salud, además de implicar una pérdida progresiva de fuerza y funcionalidad de la mano y el brazo. No es muy divertido.

Como os comentaba, la solución que propone la medicina convencional consiste en anti-inflamatorios
orales como el ibuprofen (con posibles efectos secundarios nada atractivos como la úlcera de estómago o hasta un paro cardíaco), o anti-inflamatorios en inyección local, que suelen funcionar en los primeros estados del problema, pero que resultan tan sólo temporalmente eficaces cuando la condición se hace crónica. De manera que, y de forma drástica, el tratamiento final es una operación que secciona le tendón que atrapa el nervio inflamado, para que éste pueda seguir inflamado sin manifestar los síntomas característicos. Antaño se trataba de cirugía a muñeca abierta, con una recuperación de meses y una cicatriz que iba desde el centro de la palma de la mano hasta bien entrado el antebrazo. Afortunadamente, hoy en día es una operación menos aparatosa que comporta una simple baja de un par de semanas. Sin embargo, me resisto a que me toquen el tendón.

Para ello, me encomiendo a la infinita sabiduría y generosidad de la madre Naturaleza pues existen diversos compuestos en plantas y alimentos, que presentan una reconocida y eficaz acción anti-inflamatoria cuando son consumidos a dosis adecuadas, e implican menos o ningún efecto secundario, y por los que me siento más inclinada a apostar.

A nivel local, opto, inevitablemente, por una sinergia de aceites esenciales para reforzar la acción de las substancias ingeridas. Las esencias ricas en sesquiterpenos, esteres terpénicos o en aldehídos terpénicos tienen propiedades anti-inflamatorias. Entre ellos encontramos el laurel noble, la gaulteria odorante, el eucalipto limon, la manzanilla romana, la verbena exótica, el lemongras, el lavandín, el petit-grain o el ylang-ylang. Recordemos que algunos de estos aceites pueden resultar irritantes para la piel por lo que los diluiremos en un aceite vegetal como el de caléndula o el de calofila (también de acción anti-inflamatoria), en una proporción del 20%, es decir, entre 40 y 50 gotas de aceite esencial por 10 ml de aceite vegetal, dilución segura para pieles sensibles aunque se recomienda  hacer antes un test de sensibilidad en el pliegue del codo.

Pienso también una buena pomada de propóleo para ayudar a calmar la inflamación, y en el ancestral Bálsamo del Tigre rojo, que contiene alcanfor, clavo, menta y cajeput para aliviar el dolor, pero por el momento me conformo con mi sinergia de aceites esenciales.

En ortomolecular (complementos alimenticios) pienso en un extracto de harpagofito o "garra del diablo", planta rica en flavonoides, quinona y fitoesteroles, comúmente utilizada contra la gota, pues estimula la flexibilidad y movilidad de las articulaciones. También considero los comprimidos de Boswellia serrata, un anti-inflamatorio tradicional en la medicina ayurvédica. Pero finalmente opto por un complemento a base de cúrcuma, altamente dosado en curcumina, que incluye pimienta negra para asegurar la biodisponibilidad de esta especia originaria de la India, que le da su color característico al curry.

Me tienta acompañar el tratamiento oral con un extracto de plantas como el sauce blanco (precursor del ácido salicílico, principio activo de la aspirina), el pino, con un efecto similar a la cortisona, de grosellero negro, de ulmaria, de eufrasia, de abedul o de cola de caballo, plantas todas con efecto anti-inflamatorio y/de efecto remineralizante. Sin embargo, estoy convencida, desde el primer día, que este problema en la muñeca tiene algo o mucho que ver con el meridiano de maestro de corazón, cuyo recorrido coincide con la zona de dolor, entumecimiento y hormigueo, además de que mis antecedentes familiares apuntan a una tendencia a sufrir del corazón. Por ello, finalmente elijo un extracto de Espino Blanco, cardiotónico por excelencia, como trabajo de fondo. En realidad no está escrito en ningún lugar que el síndrome del túnel carpiano tenga algo que ver con el sistema cardio-circulatorio, pero yo confío en mi intuición.

De todos modos, para no descartar lo bueno que estas planas me puedan aportar, me planteo introducir en mi rutina diaria unas infusiones de cola de caballo, pues un poco de silicio y potasio no viene nunca mal.

A nivel de la alimentación tengo especial cuidado con el azúcar (inmunodepresor) y con el café (estimulante del sistema nervioso y, en consecuencia del corazón), e intento comer más ajo y cúrcuma aunque ya estaban presentes en mi alimentación, y en realidad, para que estos alimentos tengan una acción terapéutica, son necesarias altas dosis. Pero me encanta el curry de modo que esta es la ocasión para abusar un poco. El cambio más significativo que realizo en este ámbito cotidiano es la introducción (o re-introducción) del aceite de colza, rico en Omega 3, reputado ácido graso esencial precursor del las prostaglandinas del tipo 3 (Pg3), de reconocida acción anti-inflamatoria, y dejo descansar por un tiempo el aceite de oliva, rico en Omega 6, de potencial acción pro-inflamatoria. A aquellos a quienes la palabra "colza" ponga los pelos de punta, os recomiendo leáis mi artículo en este blog "¿Se puede cocinar con aceite de colza?", y para más información sobre los ácidos grasos esenciales Omega 3, 6 y 9, os invito a leer este otro artículo sobre los aceites vegetales.

Por supuesto, acompaño con aurículoterapia, facioterapia y un poco de acupuntura, aunque estas terpéuticas aplicadas a uno mismo no tienen el mismo efecto, y en mi nueva ciudad de residencia no tengo colegas a los que echar mano. ¡Ay, Cecília Martín, cómo te echo de menos! Pero confío de todos modos en el 7 de Maestro de Corazón y en los puntos extra-meridianos inter-digitales como puntos sintomáticos que acompañen el tratamiento.

Finalmente, aunque quizás debería haber comenzado por aquí, está el plano psico-somático. El síndrome de túnel carpiano se considera como una enfermedad profesional y afecta, en princio, a aquellos con trabajos manuales, aunque yo creo que afecta más bien a aquellos que están hartos de su trabajo. No es que yo lo esté del mío, pero es cierto que, en mi caso, el problema empezó cuando, para asegurarme un lugar de trabajo en el mundo de las terapias naturales decidí formarme y trabajar como masajista, a la espera de terminar mis estudios como naturópata y acupuntora y poder vivir de ello. Y en cada ocasión en que me desvío del trabajo más "difícil" para agarrarme al más "fácil" (en el sentido de que es más fácil encontrar trabajo como masajista que como terpéuta alternativo), el problema aflora. En estos momentos, mi trabajo como naturópata en el contexto de una cadena de supermercados Bio me general algunos conflictos, tengo que admitirlo. Ahí pues hay miedos a trabajar y retos a superar, a los que la cirugía no puede ayudar. Pues sospecho que si me opero de la mano derecha, el problema surgirá en la mano izquierda, y cuando ya me haya operado de todo lo operable, quién sabe, quizás el problema se manifieste en el corazón.

¡Pero soy optimista! y tengo plena confianza en las terapias alternativas, pues estoy dispuesta a introducirme de lleno en la madriguera y ver qué hay en el fondo. Os seguiré contando.

Fuentes:

miércoles, 16 de mayo de 2018

Fiebre del heno, las alternativas

Ojos llorosos, estornudos irreprimibles, nariz bloqueada, es lo que un porcentaje cada vez más elevado de la población responde a las minúsculas partículas de polen que viajan por el aire, de flor en flor. Los tratamientos convencionales nos hacen el apaño pero, ¿es posible otro enfoque, más natural del problema?



Alergia versus hipersensibilidad

Del griego "allos" otro, y "ergon" acción, una alergia nos habla de una reacción distinta. En efecto, se trata de una reacción anormal y exagerada del sistema inmune a una substancia que proviene del exterior, en principio inofensiva (como el polen). Esta es considerada como peligrosa y se desatan una serie de mecanismos para expulsarla. Los linfocitos, células inmunológicas especializadas, segregan anticuerpos, de tipo IgE en este caso, los cuales se fijan al alérgeno. Esta combinación (IgE + alérgeno) es mal tolerada por el organismo, pues provoca una liberación de histamina de la célula, un vasodilatador que causa la pérdida de plasma en sangre, dando paso a la manifestación de los efectos adversos de la reacción alérgica. Los síntomas habituales son los de la rinoconjuntivitis, que consisten en cosquilleos en la nariz y en los ojos, ataques de estornudos irreprimibles, goteo transparente y sensación de nariz tapada con enrojecimiento de los ojos y lagrimeo. En el caso de una conjuntivitis aislada, sin rinitis, se trataría de una alergia de contacto, más que respiratoria.

En las personas con predisposición a una forma de alergia se da lo que se conoce como "marcha alérgica", es decir el individuo desarrolla otras formas de la misma a lo largo de su vida. Habitualmente, el bebé alérgico debuta con eccema, seguido de asma en la infancia, rinitis alérgica en la adolescencia y alergias profesionales en la edad adulta. Es importante, pues, actuar a partir del eccema en el bebé, reforzando la función barrera de su piel.

También existen las "alergias cruzadas" siendo las más habituales las que se da entre los diferentes pólenes de la misma familia botánica, entre pólenes de familias botánicas distintas, o entre pólenes y alimentos vegetales, como el polen de ambrosia y el plátano, o el polen de abedul y la manzana, el melocotón, la avellana, el apio, la zanahoria o la patata.

Paralelamente a la alergia encontramos la hipersensibilidad, un grupo de reacciones patológicas a agentes del exterior, con síntomas similares, pero sin mediación del sistema inmune, pues son otros mecanismos de defensa los que entran en juego.

Polen

La palabra polen significa "harina" en latín, y designa el polvo formado por gránulos microscópicos producidos por los órganos reproductores masculinos de las plantas con flor. Llamamos "contaminación verde" a una concentración demasiado elevada de granos de polen en la atmósfera. Podríamos pensar que esto se produce en lugares de densa vegetación, sin embargo, las plantas que se encuentran en condiciones difíciles, como en medio de una ciudad, o aisladas, emiten más polen que aquellas que crecen en condiciones favorables, por una pura cuestión de supervivencia.

Sólo los pólenes de las plantas anemófilas, de polinización aérea, son alergizantes. Existe una larga lista de pólenes, dándose en cada trimestre o incluso mes, pólenes distintos. Se puede ser alérgico a un tipo de polen o a todos ellos, en cuyo caso la manifestación sintomática puede tener lugar de marzo a octubre o incluso todo el año. Así, en invierno encontramos el polen de árboles como el abedul, el fresno, el platanero, el avellanal o el álamo; en primavera es el polen del ciprés, el castaño, el olivo, el haya y algunas gramíneas; en verano, se trata del polen de las gramíneas así como de la parietaria o de la ambrosía; en otoño del ajenjo o de la parietaria.


Fiebre del heno

A principios del siglo XIX el Dr. Bostock describe, en el Reino Unido, la "fiebre del heno" por primera vez, como una nueva enfermedad que afecta a la clase alta. En 1873, Charles Blackley en Bruselas, constata que la población rural, más expuesta a los diferentes tipos de polen, no desarrolla esta nueva "fiebre del heno", y apunta a la idea de immunización.

La "Polinosis alérgica" afecta entre un 10 y un 20% de la población, pudiendo aumentar hasta un 50% en algunos lugares. Es un problema "in crescendo" en los últimos 20 años. El riesgo de alergia en una población depende de distintos factores como el tipo de polen presente en el aire, la cantidad de polen, la situación geográfica o las condiciones meteorológicas.

Causas

El problema toma dimensiones epidémicas con el paso de una sociedad rural a una industrial, siendo más habitual en los países ricos, por el modo de vida y el desarrollo de la higiene pública. Es la llamada "teoría higienista", que asegura que la proliferación de productos higiénicos domésticos, así como la imposición de las vacunas y popularización de antibióticos ejercen un efecto nocivo en el sistema inmune, pues dado un entorno aséptico, el cuerpo va a favorecer la vía de la alergia y de las inflamaciones para compensar, pues ya no tiene que luchar contra las múltiples infecciones de antaño. Según esta teoría, los niños que crecen en zonas rurales, que van a la guardería o que pertenecen a familias numerosas, tienen menos posibilidades de desarrollar alergias pues una cierta exposición a bacterias y gérmenes permite al sistema inmune funcionar de manera normal, pues se da un correcto desarrollo de la microbiota o flora intestinal.

El cambio climático que presenciamos y sufrimos en nuestros tiempos también tienen una relación con la rápida multiplicación de las alergias respiratorias, pues el calentamiento global promueve una floración precoz, con mayor cantidad de polen liberado al viento, a destiempo.

Por supuesto, existe una predisposición familiar más que genética, es decir, la herencia genética interviene en la transmisión de un "terreno atópico", sin que exista un gen específico. Por otro lado hay quien afirma que la mayoría de alérgicos han nacido en primavera.

Por su parte, la polución ambiental, con el aumento de automóbiles y de calefacciones, no provoca este problema pero agrava el cuadro, pues modifica el polen haciéndolo más alergénico, y los contaminantes atmosféricos fragilizan las vías respiratorias.

Diagnóstico


Existen diferentes tipos de test, entre ellos los test cutáneos (prick tests), los tests sanguíneos para verificar la presencia de anticuerpos IgE específicos del alérgeno sospechado, o los test de provocación, introduciendo en el organismo una pequeña dosis del alérgeno para provocar una reacción. Esto debe llevarse a cabo de manos de un especialista, pues los entendidos aseguran que los tests de farmacia son de dudosa eficacia.


Tratamiento convencional

La estratégia que propone la medicina alopática para combatir esta condición consiste en:

1.- Suprimir la causa. El "desalojo alérgico" consiste en tomar medidas preventivas que disminuyan el riesgo de exposición, y por tanto de reacción, al polen. Estas incluyen:
  • No exponerse demasiado al sol y al viento y evitar los paseos en la estación de la polinización.
  • Lavarse el cabello por la noche para eliminar el polen que pueda haberse depositado. 
  • No salir con los cabellos mojados, pues son más susceptibles de retener el polen.
  • No secar la colada al viento, pues el polen se posa también en ella.
  • Circular con las ventanillas cerradas.
  • Usar gafas de sol y evitar lentes de contacto.
  • No cortar el césped uno mismo y evitar los picnics.
  • Cerrar las puertas y ventanas durante las horas de calor. Es mejor airear la casa por la mañana temprano o al final del día.
  • Evitar el tabaquismo pasivo y la exposición a contaminantes químicos domésticos.
  • Mejorar la calidad del aire interior: desde hace unos años se habla de la contaminación interior, pues el humo de los cigarrillos, los COV (compuestos orgánicos volátiles que se desprenden de pinturas, aparatos a combustión o productos de limpieza) así como inciensos o incluso aceites esenciales contribuyen a una atmósfera doméstica enrarecida y saturada que empeoran un cuadro alérgico. Para liberarse de esta nube en el comedor de casa conviene:
    • Ventilar todos los días, sobretodo si tenemos una cocina de gas.
    • Eliminar las humedades en el hogar y lugar de trabajo, pues estas provocan la continuidad de los síntomas durante todo el año. 
    • Introducir plantas "descontaminantes" como el ficus, la hiedra, los cactus, o los crisantemos. 
2.- Luchar contra los síntomas con medicamentos:
    • anti-inflamatorios, en general corticoides que no tratan la enfermedad sino los síntomas y que son menos efectivos a cada uso, puediendo provocar además retención de líquidos, toxicidad digestiva, hipertensión arterial y aumento de peso.
    • vasoconstrictores locales, aunque implican un cierto riesgo de aumentar la tensión arterial, provocando palpitaciones y temblores, 
    • broncodilatadores, (se recomienda desconfiar de las inyecciones)
    • anti-histamínicos, 
    • adrenalina, en caso de choque anafiláctico
3.- Inducir un estado de tolerancia. Es lo que se conoce como "desensibiliación", y consiste en inyecciones semanales de extractos del alérgeno. Suele ser eficaz durante un cierto tiempo aunque presenta un alto porcentaje de recidivas.

Tratamiento del terreno atópico

En Naturopatía no tratamos enfermedades sino personas, por lo que el acento no se pondrá tanto en combatir la alergia y sus manifestaciones, sino en conseguir una respuesta inmunitaria más adaptada. Para ello contamos con:

Probióticos
Se considera un tratamiento preventivo que debería tenerse en cuenta desde el embarazo, pues, del mismo modo que la lactancia materna, promueve un buen sistema inmunitario en el bebé. Estos cultivos, habitualmente lactobacilos, bifidobacterias y estreptococos, aseguran el buen estado y funcionamiento de nuestras colonias de bacterias intestinales, responsables por un 70% de la inmunidad de nuestro organismo, y tienen también una función de eliminación de toxinas. Podemos hacer curas intermitentes todo el año para asegurar un buen mantenimiento de nuestra microbiota.

Fitoterapia
Entre las plantas de acción anti-histamínica encontramos la efedra, el estramonium, la fumaria, la hierbaluisa, el llantén mayor (un clásico de las alergias respiratorias) o el gordolobo. También podemos utilizar plantas broncodilatadoras como el desmodium (a tomar como prevención del espasmo), la efedra, el estramonium o la grindelia. La lobelia, por su parte es también aconsejada por su acción anti-espasmódica.

Gemoterapia
Los brotes y yemas de las plantas encierran todo el potencial de las mismas, y más propiedades que sus partes por separado. La yemoterapia es una herramienta eficaz en casos de alergia, siendo los extractos más indicados los de grosellero negro, el  nogal, el romero, el abedul, el álamo o la higuera. La toma habitual es de 5 a 10 gotas (aumentando progresivamente) mañana y noche.

Aromaterapia
Aunque los aceites esenciales suelen estar desaconsejados en cuadros alérgicos, existen algunas excepciones que podemos utilizar para mejorar esta condición. Entre ellos cabe destacar el Pino (Pinus sylvestris), de acción "cortisone-like" broncodilatadora y anti-inflamatoria. El aceite de Eucalipto radiata (Eucalyptus radiata) es conocido por su acción sobre las vías respiratorias altas. El Hisopo (Hyssopus officinalis) tiene una acción anti-histamínica que lo hace indicado incluso en casos de asma. Por úlimo, la manzanilla de marruecos, o manzanilla azul (Tanacetum annum L.) de propiedades anti-ínflamatorias e igualmente anti-histamínicas. Por su parte, los hidrolatos de manzanilla romana, bleuet o lavanda fina pueden suponer un gran alivio usadas en los ojos, en casos de conjuntivitis alérgicas.

Oligoterapia
Los oligoementos, o minerales traza, más indicados en caso de alergias son el Azufre, un desensibilizante universal, el magnesio, por su acción sobre el sistema nervioso (siendo el estrés un detonante de las alergias), el cobre, por su acción sobre el sistema inmune, y el magnesio, de acción anti-inflamatoria.

Apiterapia
Los productos de la colmena nos ofrecen también una posibilidad de mejorar un estado alérgico. Entre ellos el própolis, gran aliado del sistema inmunitario, y la jalea real, que combate la fatiga y tonifica el organismo en general. Una cura de polen de abejas también es una buena medida preventiva.

Complementación
  • Quercitina, anti-histamínico por excelencia.
  • Vitamina C (ascorbato), también anti-histamínico e imprescindible para el sistema inmunitario.
  • Omega 3, de acción anti-inflamatoria y equilibradora del sistema nervioso.
  • Vitamina E, que podría inhibir la inflamación respiratoria en los asmáticos.
  • La Bromealina, de acción antiinflamatoria.
  • El Pycnogenol, rico en flavonoides, de acción antioxidante y anti-inflamatoria.
Alimentación
Existe una "dieta anti-histamínica" que consiste en evitar el pescado, crustáceos y moluscos, los alimentos fermentados, el queso, el chocolate, la levadura de cerveza y la charcutería. Además, puesto que una persona con terreno atópico puede ser susceptible a otras hipersensibilidades, es conveniente evitar alérgenos como los lácteos, el azúcar, la sal, la cafeína y el alcool. También es conveniente leer las etiquetas de los productos alimenticios pues existen numerosos alérgenos (E102, E122, E124, y un largo etcétera) que deben evitarse.

Contrariamente, el ajo y la cebolla son ricos en quercitina, por lo que conviene su presencia en la alimentación, así como los frutos rojos son ricos en bioflavonoides, grandes anti-inflamatorios. Por su parte, un buen zumo matinal de remolacha, ajo, jengibre y zanahoria puede estimular el sistema inmunitario.

En cambio, existe la tendencia recomendar huevos de codorniz en casos de alergia, por su poder inhibidor de las IgE, su contenido en Zn y vitamina B. El problema es que deberían consumirse 6 huevos al día para poder aprovechar sus propiedades, suponiendo esto un riesgo importante en el aumento del colesterol.

Cuerpo y alma

A nivel holístico las alergias nos hablan de "no gustar de algo, rechazar", con consecuencias nocivas para la salud. Es la manifestación física de una agresividad no reconocida, que se traslada al cuerpo, puesto que no es aceptada por la consciencia. Puede tratarse también de la  traducción corporal de un inconfesable miedo a determinadas cosas. La alergia la polen podría estar vinculada a un rechazo a la fertilidad y la procreación. La nariz tiene una relación con el reconocimiento de uno mismo, y la fiebre del heno puede indicar una congestión emocional.

En este caso, las flores de bach pueden también echarnos una mano, siendo Beech la flor de las "intolerancias" por excelencia.

En cualquier caso, se trata de un trabajo de fondo y a largo plazo que implica un replanteamiento de hábitos alimenticios, modo de vida y actitudes, que nos da, como todos los problemas de salud, la posibilidad de aprender algo más de nosotros mismos, y de evolucionar como personas.


Fuentes:
  • "Vaincre l'asthme et les allergies" Dr. Florence Trébuchon. Editions Albin Michel 2011.
  • "1001 Allergies et intolérances" Dr. Catherine Quéquet. Editions de l'Opportun. 
  • "Tous allergiques?" Olivier Michel. Éditions Mardaga 2017.
  • "Allergies, les solutions naturelles" Brigitte Karleskind. Thierry Soucar Éditions 2013.
  • "Soigner ses allergies au naturel" Jeanne Leprieur. Anagramme Éditions 2009.
  • "Le Temps des pollens. Guide de l'allergie aux plantes" Dr. Michel Miguéres, Corinne Brossard, Laurence Ladevie. Éditions Privat 2008.
  • "500 of the most important health tips you'll ever need" Hazel Courteney. Cico Books 2001.

jueves, 3 de mayo de 2018

Soluciones naturales para el miedo a volar

Buscaba una experiencia terapéutica durante mis vacaciones, pero la cueva de los lodos medicinales en el Cabo de Gata se encontraba, por desgracia, inaccesible. Sin embargo, el Universo no me iba a dejar sin tema para mi siguiente artículo aquí en el blog, y me lo envió directamente desde el cielo: la aerofobia. ¿Cómo no se me había ocurrido recurrir a flores de Bach, plantas y aceites esenciales para calmar la angustia que me acompaña en el viaje cada vez que subo a un avión?


Los que, como yo, forméis parte del 25% de la población que sufre este problema, también llamado aviofobia, sabréis de qué hablo: nos angustia la idea de tener que volar y nos sobrecoge el pánico una vez dentro de la nave, en el despegue, el aterrizaje o con la menor turbulencia, ante la (improbable) posibilidad de un accidente aéreo, o por el mero hecho de estar allí metidos.

Puede tratarse de una fobia en sí, por miedo a la piratería aérea, o a los accidentes, o bien derivarse de otras fobias como la claustrofobia (miedo a los espacios cerrados), la acrofobia (miedo a las alturas), la nictofobia (miedo a la noche o a la oscuridad) o la agorafobia (miedo a los ataques de pánico en lugares públicos). Podemos también  encontrar sus causas en experiencias traumatizantes previas relacionadas con aviones, ya sea a raíz de un vuelo particularmente difícil, o bien de una mala noticia recibida en un aeropuerto, entre otras.

La industria farmacéutica nos propone, por supuesto, diversas soluciones en forma de comprimidos, siendo los más habituales los ansiolíticos de la familia del diazepán, tranquilizantes efectivos que podemos encontrar en diversas variantes y con una longitud de acción de entre 8 y 24 horas. Yo siempre me pregunto qué capacidad de reacción tendría una persona bajo los efectos de este tipo de preparados, si, por desgracia, se diese el tan temido aterrizaje forzoso o evacuación de emergencia. Aunque algunos de estos medicamentos son genéricos de venta libre en las farmacias, los mismos profesionales que abogan por esta vía recomiendan consultar con el médico pues el prospecto que los acompaña contiene, como de costumbre, una larguísima lista de contraindicaciones y efectos secundarios.

Para los que, como yo, preferimos abstenernos de drogas de síntesis, la Naturopatía nos propone alternativas eficaces y con menos contrapartidas.

Fitoterapia

Entre las plantas medicinales más utilizadas para calmar el sistema nervioso encontramos, en el grupo de los sedantes o tranquilizantes la valeriana (Valeriana officinalis) que debe dosificarse correctamente, pues en exceso puede producir el efecto contrario, la pasiflora (Passiflora incarnata) también relajante muscular pudiendo prevenir contracturas tensionales, la tila (Tilia x Europaea) tranquilizante más suave, el espino blanco (Catraegus oxyacantha) gran regulador además del ritmo cardíaco, o la avena (Avena sativa L.). En el grupo de los ansiolíticos encontramos el hipérico (Hypericum perforatum L.), la amapola (Papaver rhoeas), y de nuevo la pasiflora y el espino blanco.

Pueden encontrarse preparados individuales de algunas de estas plantas, o sinergias de varias de ellas, opción por la que yo opto a menudo, pues las plantas se potencian entre sí. Un extracto de la planta fresca, es decir, un preparado líquido, nos garantiza mejor absorción, sobretodo si nuestro sistema digestivo se ve alterado por el susto.


Aromaterapia

El uso de los aceites esenciales de plantas medicinales, es otra fuente de remedios muy efectivos en todo lo que se refiere al sistema nervioso, pues el sistema olfativo tiene una conexión directa con el cerebro. Entre las esencias más especificas para la aerofobia podríamos señalar:
  • la Albahaca tropical (Ocimum basilicum L.), recomendada para el dolor de barriga por miedo y para el insomnio por estrés. Es además muy eficaz contra el  mareo, por lo que puede sernos muy útil en el botiquín de viaje. 
  • la Manzanilla romana (Chamaemelum nobile L.), calmante y sedativa, una gota en la carótida puede tranquilizarnos si entramos en shock a causa de violentas turbulencias. Se puede usar en niños.
  • el Geranio Bourbon (Pelargonium asperum cv bourbon), gran ansiolítico y anti-estrés, un equilibrante emocional que nos recuerda el olor a rosa, por lo que podemos también usarlo como perfume sensual en el lugar de vacaciones.
  • el Jazmín (Jasmin officinal), induce la producción de encefalinas, hormonas relacionadas con la relajación y el placer, por lo que ayuda a sentirse bien. Tiene además una gran reputación como afrodisíaco.
  • el Limón (Citrus limon L.), para la hiperexcitabilidad, es un gran equilibrante nervioso, asimismo apto para los más pequeños.
  • la Mandarina (Citrus reticulata), infalible somnífero de la aromaterapia, anti-estrés y contra la excitación excesiva. 
  • la Mejorana (Origanum majorana), específico para la claustrofobia, las reacciones impulsivas y la angustia, como para aquellos que se alteran fácilmente.
  • el Incienso (Boswelia carterii), contra la angustia, paranoia u obsesión. Para aquellos que quieran meditar o controlar sus pensamientos durante el vuelo.
  • el Vetiver (Vetiveria zizanoïdes), concretamente indicado para tranquilizarse antes de un viaje en avión, pues es el aceite de la tranquilidad. Presente en muchos perfumes masculinos, actúa también sobre el insomnio.
  • la Lavanda Fina (Lavandula angustifolia P.), el más versátil de los aceites esenciales, representa la madre tranquilizadora. Es un genérico del sistema nervioso que podemos también usar en quemaduras y picaduras de insectos, siendo otro imprescindible en el botiquín del trotamundos.
  • el Laurel noble (Laurus nobilis L.), esencia que nos ayuda a afrontar situaciones difíciles, pruebas aterradoras como subirse a un avión. Actúa contra la ansiedad paralizante.
  • el Petit-grain (Citrus aurantium ssp aurantium), calmante nervioso óptimo, además,  para librarse del jet lag. Ideal para niños hiperactivos. 
Igual que las plantas, podemos usar los aceites esenciales individualmente o en sinergias, siendo éstas interesantes pues los aromas se potencian entre ellos. La mera olfacción actúa sobre nuestras emociones, de modo que realizar respiraciones profundas directamente del frasco, durante 3 o 4 minutos, en repetidas ocasiones, puede ser suficiente. Sin embargo, podemos también aplicar unas gotas en las muñecas, la carótida o el plexo solar (si estamos seguros de no ser alérgicos), para que las moléculas aromáticas hagan su trabajo.



Flores de Bach

Cabría pensar que los remedios florales del grupo del miedo son los más indicados para estos casos, pero yo creo que no son los únicos:

- Mímulus, sin duda, pues es el específico de las fobias, y de aquellos con una sensibilidad particular. Es la flor de los miedosos que debe considerarse, yo creo, en cualquier caso de aviofobia.
- Rock Rose, para el terror paralizante, ideal para momentos de verdadero pánico, cuando atravesamos fuertes turbulencias y nos sentimos rígidamente inmovilizados en el asiento.
- Cherry Plum, para el miedo a perder el control, ideal para claustrofóbicos y agorafóbicos, y para aquellos que crean que su corazón va a estallar o que van a tener una crisis nerviosa.
- Aspen, para miedos desconocidos, cuando las explicaciones tranquilizantes y razonamientos no funcionan, pues el miedo es irracional.
- Red Chestnut, para aquellos que temen un accidente por las consecuencias que esto podría tener en sus seres queridos. O para aquellos que viajan en familia y temen por la seguridad de todos.
- Estrella de Belén, la flor de los traumas, para los casos en que este miedo a volar es consecuencia de una experiencia negativa, dentro de un avión o fuera de él.
- Agrimony, para aquellos que ocultan su angustia y, por tanto, no buscan solución. Recordemos que aproximadamente uno de cada tres viajeros sufre de ansiedad en el avión, no lo parece ¿verdad? algunos disimulan muy bien.
- White Chestnut, cuando imágenes horrendas, de accidentes y desastres, nos vienen a la mente en pleno vuelo, sin que podamos controlarlo.
- Pine, la flor de la culpa, también puede ser de utilidad pues la culpa busca castigo y éste puede ser el hecho de pasar un mal rato en un avión. Conocí un caso en que la persona llegó a la conclusión de que temía a los aviones porque su madre le sometía a cierto chantaje emocional cada vez que viajaba.
- Sweet Chestnut, la flor de la desesperación, cuando nada más funciona, en el momento más angustioso puede ser la luz que nos devuelva la esperanza (certera) de salir con vida del avión.

Una vez más, las flores funcionan muy bien en sinergia, utilizandose entre 3 y 7 en total.

Otro tipo de terapéuticas se muestran igualmente efectivas en muchos casos, como son la hipnosis, la terapia cognitivo conductual (tcc), la biodescodificiación o la risoterapia. De hecho, algunas compañías aéreas proponen programas para sana la aerofóbia que incluyen este tipo de acercamiento, así como consejos, estadísticas y demostraciones de cómo funciona un avión aunque estoy segura que saberse la teoría no alivia a todo el mundo, pues para los que padecemos de este tipo de miedo, cuando estamos allí arriba, botando en un mar de nubes grises, ya nos pueden decir misa.


En cualquier caso, si se opta por los remedios naturales o por psicoterapias, es necesario empezar algunos días, o semanas, antes del viaje, para que el organismo reciba la información y la asimile. En medicina natural no hay pastillitas mágicas.

Y por supuesto, la mejor manera de calmar el sistema nervioso es ¡no excitarlo!, por lo que es mejor abstenerse de café y otros estimulantes en los días previos al viaje. Se recomienda también aumentar la ingesta de agua, pues la deshidratación puede aumentar la sensación de miedo. El alcohol puede ayudarnos a dormir en un avión (sobretodo combinado con los diazepanes) pero el despertar puede ser angustioso.


Para finalizar, no olvidar el aspecto psico-somático que, en este caso, es bastante literal: miedo a volar. ¿A qué tenemos miedo realmente? ¿Por qué nos castigamos con una experiencia negativa? He comprobado en esta última experiencia mía que la confianza en la vida y la redención al destino pueden ejercer un notable efecto calmante.


¡Feliz viaje!



Fuentes:


  • https://salud.uncomo.com/articulo/como-superar-la-aerofobia-2567.html
  • https://www.miedoalosaviones.com/medicacion-miedo-volar/
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Aerofobia
  • Aroma psy. Festy, Danièle. ISBN 978-2-84899-702-5. Quotidien malin éditions 2014.

martes, 17 de abril de 2018

Flores de Bach y Nutrición XXIII: Olive, fatiga digestiva

El cansancio puede acometernos por diferentes motivos, falta de sueño, estrés, ejercicio físico excesivo, o  cambio de estación. Pero también una alimentación inadecuada o excesiva puede dejarnos exhaustos. Olive es el remedio floral que viene a rescatarnos en estos casos.


Algunos autores (a los que respeto) recomiendan Olive para "recuperarse" después de un prolongado y estricto régimen alimenticio. Sin embargo yo discrepo, pues la experiencia me ha demostrado que por más severa y limitada que sea una dieta, incluso un ayuno, si es apropiado y se realiza correctamente, nos devuelve, al contrario, la vitalidad, haciéndonos sentir mucho  mejor que antes de empezarla. Pues, en principio, cuando decidimos hacer un cambio drástico en la alimentación es para mejor y porque tenemos la necesidad de liberarnos de excedentes en forma de grasa, líquidos y toxinas que nos contaminan el cuerpo, nos hacen sentirnos pesados y nos roban la energía. Por otro lado, en el caso en que el régimen o cura no sea el más indicado, o no sea el mejor momento, recomiendo más bien Oak, que para los obstinados en llegar al final de sus dietas, aunque estas sean nocivas, es un mejor remedio.

Olive, en cambio, flor de la fatiga por excelencia, se me antoja como un remedio indispensable para después de un atracón puntual, de unas vacaciones de intenso y desmesurado turismo culinario, o en cualquier caso en que hayamos abusado de las posibilidades de nuestro sistema digestivo. No olvidemos que la digestión precisa de una buena cantidad de energía para ser realizada correctamente, en particular cuando nuestras elecciones en materia culinaria no son coherentes con nuestras necesidades energéticas y nuestra capacidad de procesar los alimentos. Es por ello que, a menudo, nos sentimos fatigados después de comer. Y es ahí donde Olive nos viene de perlas.

El Olivo puede, también, ayudarnos a reflexionar sobre este despilfarro energético innecesario en el que incurrimos cuando comemos demasiado y mal. ¿Para qué? ¿Para llenar un vacío emocional con la excusa de que es uno de los placeres de la vida? Se puede disfrutar de la comida de una forma más equilibrada y sana, y con menos consecuencias, que atiborrándonos de alimentos demasiado grasos, demasiado azucarados y demasiado transformados, que minan nuestra salud. Por supuesto, ponerse este tipo de cuestiones nos parece incómodo y aburrido, pero más vale ponérselas tomando Olive después de un festín puntual, que en la cama de un hospital, después de años de transgresiones dietéticas cotidianas. cuando ya es demasiado tarde.

Como todas las flores, Olive nos invita a amarnos a nosotros mismos, respetando nuestro cuerpo, cuidando nuestra alimentación y sabiendo cuándo debemos descansar, para poder invertir nuestra energía en actividades menos dañinas y más placenteras.

"La terapia floral de Bach" Metchild Scheffer.
"Los doce sanadores y otros remedios". Edward Bach.