jueves, 20 de junio de 2013

Limpieza hepática de Andreas Moritz: la gran controversia

Unos meses tras su muerte, a los 58 años de edad, Andreas Moritz sigue encendiendo foros de salud con su polémica cura hepática que tantos seguidores y detractores tiene en una muy equilibrada proporción.

En efecto, es francamente complicado crearse una opinión objetiva acerca de su conocido programa depurativo basándose en los testimonios y opiniones que se debaten en la comunidad virtual. Pues tan encarecidas son las alabanzas como las críticas que recibe, y todos aseguran tener evidencia empírica y/o científica que respalde su verdad.

Por ello, nada mejor que estudiar y experimentar la cura en primera persona, y tener así una opinión propia que haga oscilar la balanza hacia uno de los lados.

Empiezo por la lectura de su libro “Limpieza hepática y de la vesícula” (ISBN: 978-84-9777-295-2), y veo que se esmera en relacionar las funciones del hígado con los otros sistemas del cuerpo humano, asegurando la responsabilidad, en último término, de este órgano con respecto a las múltiples disfunciones del organismo. Y aunque puedo estar de acuerdo con ello hasta cierto punto, pues el cuerpo es uno y la fisiología de un aparato anatómico no es ajena a la de los otros, percibo que en algunos casos falla en dar una explicación lógica sobre estas interrelaciones, aseverando que es así, sin más.

Por otra parte, y en la misma línea, no se detalla en ninguna parte del volumen el porqué de la ingesta del aceite de oliva, del zumo de pomelo, e incluso de las sales de Epson. En el caso del Pomalic (ácido málico) que se debe tomar los seis días previos a la cura, se comenta que este ablanda las supuestas piedras hepáticas, pero se omite el mecanismo por el cual los otros ingredientes de la cura provocan la expulsión de estas piedras, y no se especifican análisis clínicos de las mismas.

El libro concluye con una generosa sucesión de testimonios favorables que no dudo sean ciertos, dado que en los foros virtuales se pueden encontrar muchos más. Pero tampoco se habla de precauciones y contraindicaciones, y, honestamente, me cuesta creer que esta cura sea indicada para todo el conjunto de la humanidad sin tener en cuenta la condición particular de salud.

Se le podría dar el beneficio de la duda a esta falta de información, al no tener evidencias para contrastarla, si no fuese por un detalle que, personalmente, me hizo cuestionar la veracidad de lo que se expone en el resto del libro, pues se hace el comentario de que la bilis le otorga a las heces su color marrón característico. Cualquiera que haya estudiado un mínimo de anatomía y fisiología sabrá que este color es debido a los glóbulos rojos sanguíneos muertos que expulsamos cada día (la sangre cuando se seca se vuelve de color marrón), y que unas heces pálidas (acolia) son un signo inequívoco de insuficiencia de sangre.

A pesar de todo ello, llevo a cabo la cura lo más fielmente posible a las indicaciones de Moritz, con la secreta esperanza de que, ciertamente, sea el remedio definitivo que todos buscamos. El proceso se desarrolla de la manera esperada, aunque el enema de farmacia que me aplico en la noche de la toma de las sales, desata violentamente mis intestinos, y es difícil discernir, en las primeras defecaciones, las piedras verdes del resto de materia fecal descompuesta.

Pero a la mañana siguiente consigo pescar una de las piedras, la limpio con cuidado, y con gran expectación la disecciono para observar su interior. Es del tamaño de la uña de mi meñique (tengo los dedos pequeños) y tiene una textura harinosa, blanda, como una pasta. Esto, sumado a su color verde intenso, me hace pensar que la piedra no es más que una mezcla de bilis y sal, que la secreción de este exceso de bilis es provocada por la ingesta del medio vaso de aceite de oliva, y que la función del zumo de pomelo no es otra que hacer el aceite más digerible. La piedra se desmenuza en mis dedos, lo que me impide llevarla a analizar, pero las opiniones más científicas y detalladas que circulan por la red corroboran en cierto modo mi teoría, asegurando que esas piedras no se encontraban en el hígado sino que se forman como resultado de la mezcla de las sales, el ácido cítrico y el aceite. Y que no contienes otros minerales que los que aportan las mismas sales de Epson. Me siento más ligera después de la cura, pero sospecho que el enema y el ayuno tienen mucho que ver con ello. El resto de mis males, de momento sigue acompañándome.

Sin embargo, no puedo ignorar a todo el colectivo de entusiastas de esta limpieza hepática cuyas vidas, aseguran, han cambiado drásticamente o, cuando menos, mejorado considerablemente gracias al programa. Hay incluso quien expone que, tras realizar sucesivas curas, la expulsión de piedras ha ido menguando, por lo que las piedras no podrían estar formadas, si esto es verdad, de sales y bilis. Se podría atribuir al efecto placebo estos pequeños y grandes milagros, pero los que vivimos inmersos en el mundo de las terapias naturales no gustamos mucho del recurso del placebo, pues es la misma justificación que se le da, a menudo, al éxito de la homeopatía o la acupuntura, y nos parece una excusa de mal pagador.

Por todo ello, encuentro difícil llegar a una conclusión favorable o desfavorable que pueda argumentar sólidamente, aunque no puedo evitar formarme una opinión, así sea básicamente intuitiva. Me inclino a pensar que la composición de las piedras, tras observar la mía propia, es, en efecto, resultado de los ingredientes de la cura, y que estas no estaban instauradas en mi hígado. Pero por otro lado, pienso que el hecho de ingerir tan gran cantidad de aceite, así como el ácido málico, las sales y el zumo de pomelo, además de la aplicación del enema y el semi-ayuno, provocan una reacción en el hígado, probablemente tonificándolo, descongestionándolo o haciéndolo trabajar extra, y estimulando así sus funciones de detoxificación, filtrado de la sangre, secreción de bilis, etc. Y según medicina tradicional china, el hígado controla los movimientos energéticos del cuerpo, es decir, el metabolismo, siendo, ciertamente, responsable en mayor o menor medida, de muchas funciones fisiológicas, tanto propias como de los otros órganos. Lo cual justificaría los beneficiosos efectos sobre la salud, en tan diversos ámbitos del organismo, que tan extenso público testifica.
 
La misteriosa muerte del creador de esta panacea “curalotodo”, a tan temprana edad, y que ha sido oficialmente justificada por una enfermedad congénita del corazón, no vierte precisamente más luz al asunto. Y sus arriesgadas disertaciones acerca del cáncer y el Sida ha hecho que muchos lo tilden de charlatán. Pero su numeroso club de fieles seguidores cuyas enfermedades no fueron resueltas por la medicina científica sino por la limpieza hepática nos recuerda que, al fin y al cabo y a pesar de todo, la buena medicina es aquella que cura, pero sobretodo la que no mata.





5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola. No creo que usted pueda juzgar algo despues de haber hecho uno unico ensayo! Despues de unos quatro, cinquo o màs, todos los meses, ya verà la diferencia, y tiendra por supuesto piedras mas grandes. Ademas, como puede dejarlo sin analizar los calculos en laboratorio?
Espero que cotinue y nos diga màs...

Anna Orench dijo...

Hola Anónimo. Pues como explico en el artículo, primero, me cuesta hacerme una opinión, y segundo, me la hago no sólo en base a mi experiencia sino a la experiencia de otros profesionales e individuos que conocen la cura. Lo que constato es tan sólo una sospecha, y dejo la puerta abierta a que otros me la confirmen o rebatan con argumentos sólidos. ¿Tienes tu alguno? Gracias por el comentario.

Anónimo dijo...

Hice la limpieza de vesicula con el metodo chino.

Son 4 dias de tomar 250ml de jugo de manzana antes de cada comida.

El 5to dia te tomas un vaso de agua con 4 cucharaditas de la sal EPSOM (OJO!, tiene que ser la sal para mover el vientre; y NO la otra que es para limpieza - esta ulitma es toxia).

Esta misma noche te tomas el jugo de tres limones mesclado con 1/4 de aceite de oliva... (ES INTOMABLE! asi que cuanto mas rapido lo tomas, mejor!), ... camine por los proxima hora, pero no se acueste.

A mi personalmente senti que la zona del higado se torno dura hasta que finalice la camina.

Despues de esto, es casi seguro que uno empuja las piedras. La receta recomienda acostarse, pero en mi caso en particular fue imposible.

Si no salen todas las piedras se recomienda repetir el proceso, pero a mi en particular no tuve que hacerlo.

Dos dias despues fui a hacer un ultra-sonido y voila! no habia piedras!.

Entiendo que hay un licor en la Europa del este tambien q produce el mismo efecto, pero no pude encontrarlo en el area donde vivo.... tampoco me acuerdo del nombre, solo se que es un licor verde de botella verde que puede ser de Hungria o ex-Checoslovaquia.

Saludos y gracias por la info.

Anónimo dijo...

¡¡Gracias!! Encuentro muy bueno tu posteo, me sirvió bastante.

Saludos

Anna Orench dijo...

Hola "anónimo", me alegro que el post te haya ayudado. Gracias por tu comentario. Un abrazo.