jueves, 24 de julio de 2008

Artículo de Julio para "Àrea Besós" - Mare Nostrum, Madre Nuestra

Cuenta una leyenda familiar mía que cuando mi tía (ahora sexagenaria) tenía tres años, desarrolló meningitis. Los avances científicos de la época, o quizás las posibilidades económicas de mis abuelos en plena postguerra, no daban para combatir la enfermedad así que los médicos auspiciaron la muerte de la niña a muy corto plazo. Presa de la desesperación, mi abuela buscó, como sigue haciendo mucha gente en casos perdidos, ayuda en lo alternativo, y halló un curandero. Este, tras una breve visita y diagnóstico, mandó traer agua de mar de la Barceloneta, se la administró a mi tía y al cabo de unos días se produjo el milagro: salió vivita y coleando del percance hasta hoy, y espero que por muchos años todavía. Eso sí, le quedó un grado de sordera como secuela lo cual, comparado con la muerte, es una ganga.

Quizás sea porque la vida en este planeta se originó en el mar, que nuestro organismo lo reconoce como una gran madre generadora de vida, nutritiva y sanadora. Este es un hecho conocido desde los días de Platón, el cual también sanó de una enfermedad gracias a una “cura marina”. Sin embargo, esta terapéutica se perdió en el tiempo hasta que fue recuperada a finales del siglo XIX por un filósofo francés, René Quintón, el cual curó de tuberculosis con este mismo tratamiento, inspirado por los textos de Platón sobre la mencionada cura. Tras la experiencia, Quintón investigó y publicó sus hallazgos sobre las propiedades terapéuticas del agua marina, otorgándole gran popularidad y divulgando su uso, llegando a ser registrado como un medicamento bebible, inyectable y de uso tópico, en el Laboratorio Nacional de Control de Medicamentos de Francia, por la época de la Segunda Guerra Mundial. Pese a ello, en 1982, por desajustes con la normativa europea, este “suero Quintón” como pasó a llamarse, quedó fuera de juego hasta 1994 en que se consiguió registrar, en forma diluida, como complemento dietético, recuperándose así su uso, y no sólo para fines dietéticos.

Efectivamente, este suero marino (en una determinada dilución, que nadie beba agua directamente del mar, o pasará mucha sed) tiene una composición muy similar al plasma sanguíneo de los mamíferos, los humanos entre ellos, aportando nutrientes y un equilibrio mineral óptimo para nuestro propio equilibrio. Por ello se usa en el tratamiento de un gran número de patologías que va desde los problemas de próstata hasta la fatiga crónica, pasando por el asma, la obesidad o la osteoporosis.

Muchos se preguntarán si, dada la polución actual de este medio (y, por desgracia, de todos los medios), es aconsejable ingerir agua de mar. La respuesta es que, como afirman los expertos, los venenos que echamos despiadadamente al mar caen por su peso al fondo, son absorbidos por el placton y las algas, los cuales son comidos por peces pequeños, que a su vez son depredados por peces más grandes como los atunes, siendo el sistema nervioso de estos últimos el depósito final del mercurio, aluminio, plomo y otras porquerías. Es decir, que los polutos no quedan flotando en el mar, sino que se los acaban tragando los peces, siendo mucho más saludable beberse un vaso de este suero que comerse un bocata de atún (a no ser que este venga de una piscifactoría controlada).

Pero los efectos saludables de esta gran madre nuestra, o mare nostrum, no sólo vienen dados por su composición química, sino también por todo lo que implica estar junto al mar: ejercicio físico mientras chapoteamos o paseamos por la playa, baños de agua fría en las piernas, lo cual promueve la circulación, respirar aire puro y cargado de iones negativos (los cuales son positivos para la salud), y baños de sol que, tomados con moderación, estimulan la producción de vitamina D en la piel y la secreción de melatonina, la hormona del buen humor.

Por lo tanto, que nadie escatime baños de mar este verano, aunque esté nublado, ni que sea al lado de Vandellós, y que no piense que su abuela está senil si alguna vez le cuenta que conoció una niña que se curó de meningitis con agua de mar de la Barceloneta. FELICES VACACIONES.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Anna ! Genial l'article, encara la meva mare m'explica de vegades la famosa "leyenda familiar" i dels miracles de l'aigua de la barceloneta que la van salvar d'una mort gairebé segura....

M'encanten els teus articles i el teu blog ! Enhorabona i molta sort en els teus viatges !

Petons,

La teva cosina Pili