lunes, 23 de junio de 2008

Artículo de Junio para "Area Besós" - Sensible Envoltorio

Aunque este año le esté costando salir de entre las nubes tardías, nuestro emblemático sol, que en tiempos de proliferación turística sirvió como reclamo para atraer nórdicos rosados a nuestras playas, acecha tras los cúmulonimbos dispuesto a dejar nuestra piel como la de esos nórdicos de antaño después de dos semanas de vacaciones, es decir, como las posaderas de un mandril. Y no es que la globalización haya llegado a hermanarnos con nuestros huéspedes vikingos hasta tal punto sino que, desprotegida de una parte de la capa de ozono, esa estrella que junto con el agua hizo posible la vida en nuestro pequeño planeta, hoy nos supone una amenaza.

Desde las quemaduras leves hasta el cáncer de piel, el abanico de riesgos que comporta la sobrexposición al sol es amplio, y del dominio público. Pero aunque nos haya costado poco tiempo pasar de las legendarias cremas potenciadotas del bronceado (de zanahoria, de café, todos nos acordamos, ¿verdad?) al protector solar factor 50, la cultura de playa es algo tan profundamente arraigado en nuestro subconsciente de peninsulares que nada ni nadie podrá evitar que nos revolquemos en la arena, luzcamos palmito, y chapoteemos en la orilla bajo nuestro sol radiante, como siempre, faltaría más.De modo que no nos queda otra que tomar ciertas medidas si queremos preservar la salud de nuestro sensible envoltorio, a la vez que disfrutamos de esas anheladas y bien merecidas jornadas de playa.

Nuestro más potente aliado es, sin duda, la sombrilla. Alternar ratos de sol y de sombra hace que la exposición se reduzca a la mitad, sin privarnos del gusto de lucir percha. Del mismo modo, una visera puede evitarnos una horrorosa nariz pelada, y además, ahora que se llevan las gafas sesentonas a lo Jackie Onassis, ¿por qué no rematarlas con una pamela de las de la época?

Mantenernos hidratados es otra estrategia indispensable si no queremos acabar resquebrajados por dentro y por fuera, o sea que ahora sí que debemos asegurar una ingesta de agua abundante, sobretodo si amenizamos la tarde de playa con unas cervecitas, ya que el alcohol deshidrata aún más.

La vitamina C, panacea de todos los tiempos, no puede faltar en nuestra alimentación en esta época del año, por su importante papel en la prevención de tumores y otras malignidades, debido a su potente acción antioxidante. Cabe recordar que no sólo los cítricos son portadores de esta vitamina sino también la mayoría de verduras de hoja verde, el brócoli, las patatas, los guisantes y las frutas del bosque. Pero teniendo en cuenta la débil aportación vitamínica que suponen los alimentos no-biológicos en nuestros días, debemos destacar la conveniencia, de suplementarse con comprimidos de Vitamina C, sin sobrepasar los 500mg diarios (aunque, como siempre, recomendamos la supervisión de un profesional de la salud). Paralelamente, los betacarotenos, que podemos encontrar en los alimentos de color naranja y amarillo como las zanahorias o los pimientos, ejercen una protección solar natural al estimular la producción de melanina.

Y, por supuesto, la crema. Aunque de poco sirve ponérsela cuando uno ya ha plantado la sombrilla, ya se ha dado un baño, ya se ha hecho unas fotos y, entonces, se acuerda de la crema. Lo mejor es ponérsela antes de salir de casa, y no olvidar ningún rincón (orejas, pies, etc.) para que haga su debido efecto y no quedemos a parches. Ni limitarla a los días de playa: el sol brilla lo mismo lleves el bañador puesto o el vestido de paseo. Es importante proteger el rostro y otras partes del cuerpo que quedan siempre expuestas.
Por último conviene, sin necesidad de ponerse paranoico, prestar atención a las manchas en la piel, nuevos lunares, o viejos lunares que se agrandan, hacerse una revisión de vez en cuando y curarse en salud. Para poder seguir disfrutando muchos años sanamente del gustazo de holgazanear a la orilla de nuestras envidiadas costas. Y si no, que les pregunten a los vikingos.

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