miércoles, 14 de junio de 2017

Preparar la piel para el sol


Todos sabemos que el bronceado, que tanto adoramos porque nos otorga muy buen aspecto, comporta sus riesgos entre ellos el muy temido cáncer de piel. Por lo que cualquier persona que estime su salud incluirá en su equipaje veraniego una buena crema solar. Sin embargo, existen otras estrategias sanas y naturales a aplicar antes y después de las vacaciones para evitar quemarnos, broncear más rápido, y mantener la caricia del astro rey en nuestra piel durante más tiempo. 



El sol es fuente de vida e indispensable para nuestra salud. Necesitamos una exposición de entre 10 y 15 minutos diaria para poder sintetizar la vitamina D a partir del colesterol de los alimentos, vitamina que nos permite fijar el calcio a las estructuras óseas, impidiendo la osteoporosis y el raquitismo, además de regular la tensión arterial y prevenir ciertos cánceres.

Sin embargo, un exceso de exposición solar, sobretodo en verano, cuando el impacto de los rayos es más fuerte, puede tener consecuencias negativas:
- quemaduras de primer y segundo grado de la piel, o "eritema actínico", con fiebre, dolor de cabeza y problemas digestivos,
- daños en el ADN;
- un descenso de la inmunidad, disminuyendo la eficacia de las vacunas y mejorando las enfermedades auto-inmunes, como las alergias;
- melanomas o cánceres cutáneos.

Podemos, además, desarrollar dermatosis no cancerosas, es decir, reacciones fototóxicas o fotoalérgicas, debido a agentes fotosensibilizantes que manchan o irritan la piel cuando, a la vez, tomamos el sol. Estos agentes pueden ser plantas (como el hipérico), aceites esenciales (sobretodo los cítricos), perfumes, algunos medicamentos (particularmente los antibióticos, los antihistamínicos y los cardiorreguladores), cosméticos, e incluso algunos filtros solares y blanqueadores de la piel.

Bronceado
Al margen de estas últimas reacciones provocadas por substancias externas, en que la piel no puede defenderse sola, frente al daño solar, nuestro envoltorio cutáneo cuenta, sin embargo, con sus propios mecanismos de protección, principalmente el bronceado. Este es un fenómeno también conocido como "pigmentación cutánea retardada", por el que la piel toma un color más oscuro en reacción a la exposición a los rayos ultravioletas provenientes (no únicamente) del sol. Es debido a la producción de melanina, un pigmento natural, por las células cutáneas específicas, o melanocitos, que la guardan en forma de melanosomas dentro de los keratinocitos (células que recubren la piel) antes de liberarla. Allí, los melanosomas se agrupan alrededor del núcleo para proteger su material genético y evitar mutaciones. Una vez los keratincitos llegan a la superficie de la piel son destruídos, dispersándose la melanina y dándose el color tostado en la piel. En los indivíduos de raza negra, los keratinocitos llegan fácilmente a la superficie dérmica, en los de raza blanca no llegan jamás. Las personas pelirrojas o de piel muy clara producen una melanina roja que no cumple esta función protectora y pueden liberar radicales libres. Los albinos no producen melanina en absoluto.

Cuando hablamos de rayos ultravioletas o UV, invisibles al ojo humano, debemos diferenciar, principalmente, tres tipos:

- UVC - de onda corta (100-280 nm), detenidos por la atmósfera, no llegan a nuestra piel;
- UVB - de onda media (280-315 nm), detenidos parcialmente por la capa de ozono, son responsables de las quemaduras solares y la insolación, así como del bronceado y de los daños en el ADN. Su efecto es 100 veces más potente en verano que en invierno, y más fuerte a mayor altitud.
- UVA - de onda larga (315 - 400 nm), atraviesan la atmósfera y producen consecuencias nefastas a largo plazo, pues liberan radicales libres que pueden provocar mutaciones en el ADN, traduciéndose en el envejecimiento de la piel y, en el peor de los casos, en tumoraciones. Además, potencian el efecto cancerígeno de los rayos UVB, y son responsables por la debilitación del sistema inmunitario.

Tipos de piel
Por supuesto, los rayos solares no afectan a todo el mundo igual, dependiendo del tono de piel de cada individuo y de su "dosis mínima eritematosa" DME, que hace referencia a la cantidad más pequeña de rayo solar aplicada en una sola vez, que hace aparecer una quemadura o eritema. A pesar de la amplia gama de bellas tonalidades que la piel humana puede presentar, distinguimos siete grupos principales, del albino al negro:

Tipo de piel

Tiempo de autoprotección de la piel

DME

Broncea

Quema

SPF
Albino
0
1,5
Nunca
Siempre
-
I
5’-10’
1,5
Nunca
Siempre
50+
II
10’-20’
2,5
Ligeramente
Muy a menudo
30 -50
III
20’-30’
3,5
Progresivamente
A menudo
30
IV
30’-45’
4,5
Fácilmente
Raramente
15
V
45’-60’
5,5
Muy fácilmente
Muy raramente
8
Negro
60’-90’
6,5
Siempre
Nunca
-

Es importante identificar el tipo de piel de cada uno para saber el tipo de factor de protección solar (SPF) necesario, y el tiempo de exposición máximo al sol sin protección.


Fotoprotección
A pesar de los riesgos, no tenemos porqué renunciar a nuestras excursiones a la playa o montaña, siempre que pongamos en práctica un plan de protección solar. Podemos diferenciar tres tipos:

Protección ambiental:

En nuestro entorno contamos, de entrada, con la capa de ozono la cual, como hemos visto, absorbe la casi totalidad de rayos UVC, y una parte de los UVB, sin olvidar que el uso de aerosoles y otros productos en décadas pasadas, provocó un daño importante en esta protección. Las nubes y la niebla pueden disminuir entre un 10 y un 90% el impacto del sol, aunque seguimos recibiendo sus rayos, por lo que cabe desconfiar. Y por último, las sobrillas o la sombra de un tupido árbol nos protegerán de un 50 a un 90% del efecto del sol. Sin embargo, es posible sufrir una insolación sin exponerse directamente al sol, pues hay elementos ambientales que reflejan sus rayos, como son:
  • la nieve, en un 85%
  • la arena, en un 17 a un 20%
  • el agua, en un 5%
  • la hierba, en un 3%
En efecto, a mediodía entre un 30 y un 50% de la luz del sol recibida es debido a la difusión por parte del cielo.

- Protección natural:
Son los mecanismos del cuerpo para evitar daños celulares. Como hemos visto se trata de:
  • la DME (dosis mínima eritematosa);
  • el bronceado;
  • el grueso de la piel o capa cornea, en que a mayor grosor, mayor protección, por lo que los individos de piel fina, como los niños o los ancianos, son más sensibles. Es importante saber que la exposición crónica y prolongada al sol provoca la atrofia de la piel y la pérdida de grosor de la misma.
- Protección artificial:
Se trata de las diferentes substancias, en forma de complementos, cremas, aceites o alimentos, que pueden ayudarnos a proteger nuestra piel, bien promoviendo la producción de melanina, bien hidratando la piel, o aún de otras formas. Distinguiremos tres momentos en que estos elementos ejercen su acción, antes, durante o después de la exposición prolongada al sol:
  • Antes (3-4 semanas previas): 
    • Vitamina C: participa en la síntesis de colágeno, promueve la cicatricación, aumenta la inmunidad y tiene acción anti-oxidante. La encontramos en alimentos como las espinacas, las coles de bruselas y los cítricos;
    • Vitamina E: tocoferol, gran antioxidante que mejora, además, la tolerancia de la piel al sol. Se encuentra en el germen de trigo, en los frutos secos e incluso en el aguacate;
    • Vitamina A: acción de anti-envejecimiento de la piel, previene de melanomas y participa en la cicatrización. Abundande en alimentos de orígen animal como el hígado, los huevos, el pescado graso, la mantequilla y el queso. Esta vitamina, sin embargo, puede resultar hepatotóxica (daña el hígado) a grandes dosis, por lo que es preferible consumir los "precursores de la vitamina A" como son los carotenoides;
    • Carotenoides: pigmentos vegetales estimulantes de la melanina, de acción anti-radicales libres e inmunoestimulante. Dentro de este grupo encontramos la astaxantina, que puede provocar el bronceado de la piel aún sin exponerse al sol, la luteína, o el licopeno, que aumenta los lípidos en la superficie de la piel, reforzando su protección. Estos pigmentos no son preventivos del cáncer pero disminuyen la sensibilidad de la piel frente a los UVA.
    • Zinc: inmunoestimulante y cicatrizante, lo encontramos en el germen de trigo, las ostras, el hígado de ternera y el pan completo, entre otros alimentos.
    • Selenio: protege de las quemaduras de los rayos UVB, facilita el bronceado, ralentiza el envejecimiento cutáneo y tiene acción anti-radicales libres. Muy presente en el marisco, las legumbres, los frutos secos, el queso y los alimentos proteínicos.

Existen productos en el mercado para preparar la piel al sol, a tomar entre 3 y 4 semanas antes de las vacaciones, que combinan algunos o todos estos elementos, estando los carotenoides siempre presentes, a menudo en forma de "Dunaliella Salina", alga verde de pantano, extremadamente rica en beta-carotenos, de manera que cuando empezamos a tomar el sol, la producción de melanina ya se ha estimulado y, con ella, su efecto protector.



  • Durante: A pesar de haber preparado la piel con antelación, una vez en nuestro destino vacacional, no pueden faltar otros elementos protectores, para evitar consecuencias nefastas:
    • Ropa, gafas de sol, gorro, que disminuyan el tiempo de exposición;
    • Filtros solares, de SPF entre 8 y 50+, según el tipo de piel (tabla más arriba). En un primer momento, estos filtros solares (que la mayoría de nosotros empezamos a usar en los años 90 ante la amenaza del agujero en la capa de ozono) protegían únicamente de las quemaduras provocadas por los rayos UVB, de manera que podíamos tostarnos al sol, sin quemarnos, durante más tiempo, pero estábamos desprotegidos de otros rayos. Más tarde, con el descubrimiento de los daños de los rayos UVA a largo plazo, se desarrollaron filtros más completos que bloquean ambos tipos de rayo. Sin embargo, algunos filtros UVA (más recientes), se degradan fácilmente y resultan ineficaces, por lo que la exposición prolongada no está, en ningún caso, aconsejada. Podemos distinguir, dentro de estos filtros, entre agentes minerales, y agentes orgánicos:
      • minerales: son partículas finas (nanopartículas) que absorben los rayos UV, cuanto más finas, más eficaces. Son fáciles de eliminar, no resultan alergizantes y constituyen una alta protección. Las más comunes son el dióxido de titanio, que protege contra los rayos UVB, y el óxido de zinc, que protege contra los UVA.
      • orgánicos, o químicos: compuestos de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, se presentan en diferentes formas (ácido cinámico, ácido para-aminobenzoico, benzofenona) o los de nueva generación (tinosorb-M, tinosorb-S, mexoryl SX, mexoryl XL), en principo ausentes en cremas solares de certificación Bio.
Al contrario de lo que se ha creído durante mucho tiempo, el uso de filtros solares no tiene impacto sobre la síntesis de la vitamina D*.

Aún con el uso de un filtro solar, existe una serie de reglas del bronceado, que deben respetarse:
  1. Exposición progresiva, empezar por no más de 15 minutos el primer día.
  2. Tener en cuenta su tipo de piel y DME.
  3. Evitar exponerse entre las 12 y las 16h.
  4. No exponerse (de forma intensiva) más de una hora cada día.
  5. Utilizar ropa, gorro, gafas y sombrilla.
  6. Desconfiar de circunstancias que puedan atenuar la sensación de calor, como el viento o las nubes, y de aquellas que puedan aumentar el reflejo del sol, como el mar, la nieve o la arena.
  7. Tener en cuenta las substancias fotosensibilizantes (perfumes, etc.)
  8. Secarse después de bañarse, pues las gotas en la piel hacen efecto lupa.
  9. Aplicar un filtro solar una media hora antes de la exposición y re-aplicar cada dos horas.
  • Después: después de la sesión de bronceado, es necesario, principalmente, hidratar la piel y calmar las posibles irritaciones. En este caso, los aceites vegetales son nuestros principales aliados, los encontramos en :
    • la zanahoria, rica en beta-carotenos, ideal para alargar el bronceado,
    • el hueso de albaricoque, rico en vitamina A y sales minerales, promueve la elasticidad de la piel,
    • sésamo, el que más absorbe los rayos UV, aunque no constituye una protección suficiente para usar como filtro,
    • argán, ideal para piel y cabellos secos,
    • jojoba, calma la irritaciones,
    • coco, profundamente hidratante. 
También podemos utilizar la manteca de karité, de efecto anti-envejecimiento, y en caso de quemaduras leves, el gel de aloe vera, calmante, refrescante y cicatrizante.

Finalmente, es una buena idea, una vez pasadas las vacaciones o el periodo de exposición intensa al sol, hacer una cura de la piel. Para ello contamos con plantas como la bardana, la onagra o la borraja, así como la levadura de cerveza, el ácido hialurónico, o los aminoácidos L-prolina (que promueve la síntesis de colágeno) o L-carnosina (de acción anti-aging), junto con las mismas vitaminas y minerales mencionados para la preparar la piel. 

De modo que con una buena preparación, una protección solar eficaz y una cura posterior, podemos nutrir y fortalecer nuestra piel, para poder disfrutar del sol de manera sana y segura y, porqué no, prolongar un hermoso bronceado hasta bien entrado el otoño.


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