jueves, 3 de julio de 2014

Oxígeno, Prana, Qi: Respira

Desde el punto de vista bioquímico, la respiración es una de las constantes vitales, y una vía de alimentación del organismo, pues es un testimonio de vida y aporta oxígeno del ambiente que, junto con el agua y los alimentos, nutre las células del organismo de los seres vivos, de los cuales es un componente mayoritario. Es también un proceso mixto, es decir, voluntario e involuntario, ya que respiramos de manera automática (mientras dormimos), aunque también podemos detener la respiración conscientemente, o variar su ritmo.



Sin embargo, desde la óptica de las filosofías orientales, el hecho de respirar implica algo más que la mera ingesta de aire, pues tanto la tradición Ayurvédica, que habla de "prana", como la China, que habla de "chi" (Qi o Ki), consideran la inhalación como una vía de absorción de la energía vital presente en la atmósfera, vinculada no sólo a la alimentación del cuerpo, sino también a la disposición de ánimo y a la sabiduría.

Una respiración profunda nos garantiza, como es evidente, una aportación óptima de oxígeno. El caso es que, a pesar de que tanto en Oriente como en Occidente, entendemos la respiración como algo de primera necesidad, a distintos niveles, la educación en una respiración de calidad no es algo que se introduzca a menudo en planes escolares ni en programas de salud convencionales.De modo que cabe una revisión sobre la mejor forma de respirar.

El aparato respiratorio no sólo está por la tráquea, los pulmones y los bronquios (al final de los cuales se encuentran los alveolos, en íntimo contacto con los capilares sanguíneos, donde tiene lugar el crucial intercambio de O2 y CO2 entre el sistema circulatorio y el pulmonar), sino que incluye también un conjunto de músculos que ejercen el movimiento de la caja torácica en el acto de respirar. Y uno de estos músculos, muy nombrado pero también muy desconocido, es el diafragma, de forma cóncava, situado bajo los pulmones separando el aparato cardio-respiratorio del sistema digestivo.

Este músculo, así como los intercostales, son relevantes pues el hecho de usar unos u otros define el tipo de respiración que llevaremos a cabo. Generalmente, si se nos pide que respiremos profundamente, la tendencia será hacer una gran inhalación y elevar los hombros para ensanchar el tórax y dar cabida a más aire. Pero de esta manera estaremos haciendo una respiración alta o clavicular, que requiere considerable energía pero aporta menos oxígeno. Nos conviene más utilizar otros músculos: los intercostales nos permiten ensanchar el pecho y abrir las costilla, realizando una respiración intercostal, y permitiendo así mayor espacio de relleno en los pulmones; la contracción del diafragma, por otro lado, permite que el aire llegue hasta la parte inferior de los pulmones, optimizando la capacidad pulmonar, y la manera de contraerlo es sencilla: se trata de empujar el abdomen hacia fuera con la inhalación, y hacia dentro con la exhalación.


Es un ejercicio sencillo que, si se le dedican unos minutos cada día, nos puede aportar grandes beneficios. Pues la respiración diafragmática supone un masaje en el sistema digestivo, mejorando la asimilación de los alimentos y promoviendo el tránsito intestinal. Del mismo modo, afecta positivamente el plexo solar, un conjunto de ganlios vinculados al sistema nervioso parasimpático (aquel que gobierna los estados de relajación), y a la vez constituye un centro energético o Chakra, relacionado con el sistema digestivo, a nivel físico, pero también con la fe, la auto-estima, el respeto por uno mismo, la auto-confianza y el equilibrio interno, a nivel psico-emocional.

Todo ello nos invita a concluir que una repiración óptima promueve la relajación, ventila y limpia los pulmones, aporta más oxígeno a nuestras células (evitando el enjevecimiento prematuro), favorece la digestión, mejora la elasticidad de la musculatura abdominal (pues hacemos trabajar la barriga hacia dentro y hacia fuera), aporta confianza y mejora el amor propio.

Por tanto es interesante ponerle atención, encontrar un momento al día para respirar consciente y plenamente, y hacer de ello un hábito, sencillo y compatible con otras actividades como caminar, pues potenciará, sin duda, nuestra calidad de vida.

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