sábado, 10 de noviembre de 2012

Algo más que Vitamina C

(artículo de Noviembre para el Diari de la Barceloneta)

Nos ha pillado un poco por sorpresa pues, hasta ahora, estábamos disfrutando de un otoño bastante templado, así que el repentino descenso de las temperaturas apenas nos ha dado tiempo de guardar la ropa de verano y sacar jerséis, bufandas, abrigos y guantes. Por lo que nos ha sorprendido casi literalmente en cueros frente a los virus y bacterias que ya comienzan su ataque, aprovechando este fresquito que los hace más fuertes mientras que a nosotros nos debilita.

Así que tarde o temprano estaremos echando mano de jarabes, pastillas efervescentes y suplementos, naturales o no, que nos quiten de encima el inevitable trancazo de cada invierno. A no ser, claro está, que este año seamos más listos y nos anticipemos al resfriado reforzando nuestro sistema inmune, para lo cual es necesaria una estrategia de varios frentes.

Pues aunque achaquemos nuestros estornudos y fiebres a los microbios que flotan en el aire, en último término el estrés, la mala alimentación y la falta de sueño son los principales enemigos de nuestras defensas a la hora de lidiar con esos microorganismos flotantes que, al fin y al cabo, no son más que una panda de oportunistas.


Ciertamente, reputadas fuentes aseguran que un nivel de estrés prolongado puede reducir, por sí solo, el 60% de nuestra actividad inmune. Por lo que los ejercicios de relajación, el ejercicio físico moderado y la respiración son elementos clave para mantener nuestra inmunidad en forma.

Por su parte, grasas saturadas o hidrogenadas (como la margarina), azúcares, alcohol, cafeína, conservantes, colorantes y edulcorantes artificiales, aceites refinados y alimentos ahumados pueden resultar muy apetecibles (o eso nos han enseñado) pero son mucho más malvados hacia nuestro organismo que cualquier virus o bacteria. Por lo que cabe plantearse el reducir su consumo al mínimo en favor de frutas, verduras, cereales integrales, frutos secos y semillas, los cuales están llenos de vitaminas y minerales que refuerzan la actividad de los órganos y tejidos del sistema inmunológico. No olvidemos que comer bien no tiene por qué ser aburrido, y que cada estación nos ofrece deliciosos alimentos llenos de los nutrientes que necesitamos. Los colores del otoño (rojos, naranjas, marrones) nos dan una pista sobre los alimentos de temporada que el cuerpo necesita para estar fuerte, como moniatos, calabaza, naranjas y castañas, además de otros alimentos ricos en vitamina C como brócoli, guisantes, repollo, kiwis o arándanos.

En cuanto a dormir, está constatado que durante el sueño profundo se incrementan las funciones inmunes. Es decir, dormir cura. Así que, por mucho que nos resistamos (ya que vivimos en una cultura que está permanentemente de fiesta), el otoño es el momento de empezar a recogerse, de almacenar energía, no gastarla, y de quedarse más en casa o, por lo menos, descansar más.

Por supuesto, podemos ayudar a reforzar nuestras trincheras con suplementos alimenticios como las Vitaminas A, C y E, el Zinc en oligoelemento, o los Beta-carotenos, y plantas medicinales como la Equinácea, la Regaliz, el Sello de Oro, el Ginseng o la Eupatoria, pero siempre bajo la recomendación de un profesional de la saludo o herbolario, que sabrá indicarnos la mejor opción personal.

Pero ante todo, una vida sensata y equilibrada, en la medida de lo posible, nos asegurará un invierno más libre de gripes y, como consecuencia, más feliz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Consejos sensatos! Gracias!! ;-)