jueves, 31 de mayo de 2018

Anti-inflamatorios naturales y síndrome del túnel carpiano

En mi batalla contra el síndrome del túnel carpiano, condición que me acomete por temporadas desde hace más de 10 años, y que últimamente se pronuncia de forma violenta, echo mano de mis astucias de naturópata en un esfuerzo por evitar la fatídica operación que mutile para siempre un pequeño ligamento en mi muñeca, al cual, como al resto de órganos y tejidos de mi cuerpo, le tengo aprecio.



Para aquellos que, sorprendentemente, no hayáis oído hablar de ello (pues suele haber un caso en cada familia), os contaré que se trata de una inflamación del nervio mediano en la muñeca, que queda atrapado por el ligamento carpiano transverso y provoca entumecimiento, hormigueo y dolor en todo el miembro superior, siendo especialmente doloroso por la noche, en mitad del sueño, implicando una disminución en la calidad del mismo. Esto, a largo plazo, es una causa indirecta del deterioro general de la salud, además de implicar una pérdida progresiva de fuerza y funcionalidad de la mano y el brazo. No es muy divertido.

Como os comentaba, la solución que propone la medicina convencional consiste en anti-inflamatorios
orales como el ibuprofen (con posibles efectos secundarios nada atractivos como la úlcera de estómago o hasta un paro cardíaco), o anti-inflamatorios en inyección local, que suelen funcionar en los primeros estados del problema, pero que resultan tan sólo temporalmente eficaces cuando la condición se hace crónica. De manera que, y de forma drástica, el tratamiento final es una operación que secciona le tendón que atrapa el nervio inflamado, para que éste pueda seguir inflamado sin manifestar los síntomas característicos. Antaño se trataba de cirugía a muñeca abierta, con una recuperación de meses y una cicatriz que iba desde el centro de la palma de la mano hasta bien entrado el antebrazo. Afortunadamente, hoy en día es una operación menos aparatosa que comporta una simple baja de un par de semanas. Sin embargo, me resisto a que me toquen el tendón.

Para ello, me encomiendo a la infinita sabiduría y generosidad de la madre Naturaleza pues existen diversos compuestos en plantas y alimentos, que presentan una reconocida y eficaz acción anti-inflamatoria cuando son consumidos a dosis adecuadas, e implican menos o ningún efecto secundario, y por los que me siento más inclinada a apostar.

A nivel local, opto, inevitablemente, por una sinergia de aceites esenciales para reforzar la acción de las substancias ingeridas. Las esencias ricas en sesquiterpenos, esteres terpénicos o en aldehídos terpénicos tienen propiedades anti-inflamatorias. Entre ellos encontramos el laurel noble, la gaulteria odorante, el eucalipto limon, la manzanilla romana, la verbena exótica, el lemongras, el lavandín, el petit-grain o el ylang-ylang. Recordemos que algunos de estos aceites pueden resultar irritantes para la piel por lo que los diluiremos en un aceite vegetal como el de caléndula o el de calofila (también de acción anti-inflamatoria), en una proporción del 20%, es decir, entre 40 y 50 gotas de aceite esencial por 10 ml de aceite vegetal, dilución segura para pieles sensibles aunque se recomienda  hacer antes un test de sensibilidad en el pliegue del codo.

Pienso también una buena pomada de propóleo para ayudar a calmar la inflamación, y en el ancestral Bálsamo del Tigre rojo, que contiene alcanfor, clavo, menta y cajeput para aliviar el dolor, pero por el momento me conformo con mi sinergia de aceites esenciales.

En ortomolecular (complementos alimenticios) pienso en un extracto de harpagofito o "garra del diablo", planta rica en flavonoides, quinona y fitoesteroles, comúmente utilizada contra la gota, pues estimula la flexibilidad y movilidad de las articulaciones. También considero los comprimidos de Boswellia serrata, un anti-inflamatorio tradicional en la medicina ayurvédica. Pero finalmente opto por un complemento a base de cúrcuma, altamente dosado en curcumina, que incluye pimienta negra para asegurar la biodisponibilidad de esta especia originaria de la India, que le da su color característico al curry.

Me tienta acompañar el tratamiento oral con un extracto de plantas como el sauce blanco (precursor del ácido salicílico, principio activo de la aspirina), el pino, con un efecto similar a la cortisona, de grosellero negro, de ulmaria, de eufrasia, de abedul o de cola de caballo, plantas todas con efecto anti-inflamatorio y/de efecto remineralizante. Sin embargo, estoy convencida, desde el primer día, que este problema en la muñeca tiene algo o mucho que ver con el meridiano de maestro de corazón, cuyo recorrido coincide con la zona de dolor, entumecimiento y hormigueo, además de que mis antecedentes familiares apuntan a una tendencia a sufrir del corazón. Por ello, finalmente elijo un extracto de Espino Blanco, cardiotónico por excelencia, como trabajo de fondo. En realidad no está escrito en ningún lugar que el síndrome del túnel carpiano tenga algo que ver con el sistema cardio-circulatorio, pero yo confío en mi intuición.

De todos modos, para no descartar lo bueno que estas planas me puedan aportar, me planteo introducir en mi rutina diaria unas infusiones de cola de caballo, pues un poco de silicio y potasio no viene nunca mal.

A nivel de la alimentación tengo especial cuidado con el azúcar (inmunodepresor) y con el café (estimulante del sistema nervioso y, en consecuencia del corazón), e intento comer más ajo y cúrcuma aunque ya estaban presentes en mi alimentación, y en realidad, para que estos alimentos tengan una acción terapéutica, son necesarias altas dosis. Pero me encanta el curry de modo que esta es la ocasión para abusar un poco. El cambio más significativo que realizo en este ámbito cotidiano es la introducción (o re-introducción) del aceite de colza, rico en Omega 3, reputado ácido graso esencial precursor del las prostaglandinas del tipo 3 (Pg3), de reconocida acción anti-inflamatoria, y dejo descansar por un tiempo el aceite de oliva, rico en Omega 6, de potencial acción pro-inflamatoria. A aquellos a quienes la palabra "colza" ponga los pelos de punta, os recomiendo leáis mi artículo en este blog "¿Se puede cocinar con aceite de colza?", y para más información sobre los ácidos grasos esenciales Omega 3, 6 y 9, os invito a leer este otro artículo sobre los aceites vegetales.

Por supuesto, acompaño con aurículoterapia, facioterapia y un poco de acupuntura, aunque estas terpéuticas aplicadas a uno mismo no tienen el mismo efecto, y en mi nueva ciudad de residencia no tengo colegas a los que echar mano. ¡Ay, Cecília Martín, cómo te echo de menos! Pero confío de todos modos en el 7 de Maestro de Corazón y en los puntos extra-meridianos inter-digitales como puntos sintomáticos que acompañen el tratamiento.

Finalmente, aunque quizás debería haber comenzado por aquí, está el plano psico-somático. El síndrome de túnel carpiano se considera como una enfermedad profesional y afecta, en princio, a aquellos con trabajos manuales, aunque yo creo que afecta más bien a aquellos que están hartos de su trabajo. No es que yo lo esté del mío, pero es cierto que, en mi caso, el problema empezó cuando, para asegurarme un lugar de trabajo en el mundo de las terapias naturales decidí formarme y trabajar como masajista, a la espera de terminar mis estudios como naturópata y acupuntora y poder vivir de ello. Y en cada ocasión en que me desvío del trabajo más "difícil" para agarrarme al más "fácil" (en el sentido de que es más fácil encontrar trabajo como masajista que como terpéuta alternativo), el problema aflora. En estos momentos, mi trabajo como naturópata en el contexto de una cadena de supermercados Bio me general algunos conflictos, tengo que admitirlo. Ahí pues hay miedos a trabajar y retos a superar, a los que la cirugía no puede ayudar. Pues sospecho que si me opero de la mano derecha, el problema surgirá en la mano izquierda, y cuando ya me haya operado de todo lo operable, quién sabe, quizás el problema se manifieste en el corazón.

¡Pero soy optimista! y tengo plena confianza en las terapias alternativas, pues estoy dispuesta a introducirme de lleno en la madriguera y ver qué hay en el fondo. Os seguiré contando.

Fuentes:

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