domingo, 9 de abril de 2017

Flores de Bach y Nutrición XVI: Honeysuckle, el puchero de mamá

No existe nada más evocador que un olor y, asociado a este, un sabor, por lo que la comida puede constituir un motivo de nostalgia tanto de tiempos mejores como de alimentos que hemos dejado atrás. Honeysuckle viene en nuestro socorro cuando la morriña de la comida nos sobrepasa y nos hace sufrir.


Los vínculos con el pasado pueden estar reforzados por muchos elementos siendo el sabor uno de ellos, pues el sentido del gusto puede despertar fuertes emociones ligadas a tiempos pretéritos, o a situaciones más recientes que intentamos superar, como por ejemplo los malos hábitos alimenticios.

Ciertamente, intentar cambiar de línea dietética, sobretodo si decidimos abstenernos del consumo de caprichos azucarados o demasiado salados, puede provocarnos un síndrome de abstinencia digno de la más acérrima de las adicciones. Por otra parte, si estos hábitos, que ya no nos convienen, están ligados a memorias de la tierna infancia, la resistencia al cambio puede ser dura.

Honeysuckle nos habla del apego al pasado, un apego que sólo se acuerda del lado positivo de este pasado y no de los motivos por los que lo hemos dejado atrás, que pueden tanto ser el proceso natural de madurez como una decisión consciente de cambio. En el caso de la alimentación, una dieta hipocalórica puede desatar una crisis de añoranza de repostería y charcutería, las cuales extasiaban en gran manera nuestro paladar, olvidando los problemas de sobrepeso, falta de energía, granos en el cutis y, a largo plazo, colesterol y diabetis que este tipo de alimentos pueden provocar, y motivos por los cuales hemos decidido no consumirlos más. Esta tristeza se ve reforzada si, además, el aroma de la tarta de chocolate nos transporta a las tardes de invierno que pasábamos con nuestra madre en la cocina, entre montañas de harina blanca y azúcar, abrigados al calor del hogar.

La toma de esta flor nos ayuda a no idealizar el pasado o, en cualquier caso, a pasar página, porque ya somos adultos y decidimos nosotros mismos lo que nos conviene comer. Por lo que es muy indicada tanto en cambios de hábitos dietéticos, como cuando utilizamos la comida, masoquistamente, para rememorar momentos y lugares que ya no volverán. Nos devuelve a nuestras prioridades y elecciones, a sus motivos y, sobretodo, al momento presente, único lugar donde podemos experimentar alguna cosa, y que tiene mucho más que ofrecer que el recuerdo color sepia de otros tiempos que, alomejor, no fueron tan mejores.

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