domingo, 12 de marzo de 2017

Remedios florales e incontinencia canina

Tengo la dicha de contar en mi pequeña familia con una integrante dulce y tranquila, que aporta mucho amor a nuestra cotidianeidad. Se llama Cloé y es una galga preciosa. Pero a pesar de su buen carácter, nuestra perruna compañera nos lanzó un reto que supuso un quebradero de cabeza durante un buen tiempo: empezó a orinarse en casa cuando la dejábamos sola, para nuestra gran contrariedad.




Viendo que reñirla sólo servía para aterrorizarla, sin solucionar el problema, le propuse a mi compañero una opción menos disturbadora de la amorosa armonía que predomina en nuestro hogar, y a la que irremediablemente, tarde o temprano iba a echar mano: las flores de Bach. Y sólo me arrepiento de no haberlo intentado antes.

Dado que con un animal no hay entrevista posible en la que nos explique cómo se siente, y que en los últimos tiempos no he trabajado con el péndulo, por lo que mis habilidades en radiestesia no son muy fiables, no me quedó otra que confiar en mi intuición y empatía para comprender los sentimientos que llevan a Cloé a recibirnos con un charco en la entrada de nuestro piso.

Siendo un animal procedente de un refugio de galgos, asumí que tiene un pasado de abandono traumatizante por lo que una de las primeras flores que elegí fue Estrella de Belén. Mimulus fue mi segunda opción, pues nos hemos mudado recientemente, Cloé no conoce mucho el nuevo apartamento y, además, padece una enfermedad por la que va perdiendo progresivamente la vista, y consideré que el miedo y la desorientación podían estar implicados en su reacción. También percibí en ella un reproche con respecto al hecho de que la dejásemos sola, pues cuando tomamos el coche la llevamos en el maletero, donde se queda muy tranquila. Por eso, inicialmente incluí Chicory. Y, a modo protocolario, incorporé Cherry Plum, por la pérdida de control de esfíntires, y el Remedio de Rescate para sellar el tratamiento. Durante los primeros días no hubo cambios, y tuve dudas acerca de Chicory, pues no tenía muy claro el sentimiento detrás de la indudable rebelión. Así que cambié a Holly, por si era una rabieta, pero no conseguí mejores resultados. Tras una discusión con mi compañero, que conoce a la perra desde hace más tiempo que yo, llegamos a la conclusión de que, simplemente, a Cloé no le gusta estar sola, y fue ahí cuando Heather se iluminó en mi cabeza, y creo que di en el clavo, pues unos días después de la introducción de esta última flor, la perra dejó de orinarse en nuestra ausencia, sin más.

Sin embargo, hace unos días hicimos una salida nocturna sin ella, la primera en unos cuantos meses, y aunque no regresamos tarde, Cloé tuvo una recidiva y de nuevo orinó en la entrada, para mi decepción. Decidí darle un voto de confianza antes de empezar de nuevo con las flores, y al día siguiente y los consecutivos, cuando la dejamos sola durante el día, se comportó correctamente. Por lo que deduje que el cambio de rutina la altera, a lo que reacciona con su particular protesta.

En breve tenemos otra salida nocturna, por lo que planeo tratarla con Mimulus, Heather y Cherry Plum, que creo acertada, junto con Chestnut Bud, para prevenir reincidencias, y Walnut, para que no se vea tan afectada por los cambios. Confío plenamente en las flores para ayudar a Cloé a quedarse tranquila por las noches cuando no estamos, y confío también en Cloé y en su sabiduría animal para entender que nunca jamás la vamos a abandonar.



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