jueves, 16 de mayo de 2013

El poder sanador de las flores


(Artículo de Mayo para el Diari La Barceloneta)

Puesto que entramos en el luminoso mes de Mayo, clímax primaveral, ofreciéndonos un amplio surtido de coloridos brotes en árboles y plantas, al tiempo que nos acerca a la alegría del verano, es un buen momento para repasar los beneficios que las flores, retoños propios de esta estación, nos aportan.

De entrada, su color. No es ningún secreto que este es un estímulo para nuestras emociones. Por ello elegimos ciertos tonos en nuestras ropas, para diversas ocasiones, o dependiendo del humor, y usamos los colores para crear ambientes en nuestros hogares. Sin duda podemos encontrar una flor teñida de cualquiera de los infinitos tintes de la escala cromática que acompañe nuestro estado de ánimo, o lo transforme, ya que la mera vista de su coloración no deja a nuestro sistema nervioso indiferente. Así, en momentos de tristeza, una flor roja nos puede animar, y en momentos de estrés, una flor azul puede ayudar a calmarnos.

Por otra parte, su aroma. La ciencia de la Aromaterapia es grande y, a estas alturas, bastante conocida. Es del dominio público que la lavanda aporta equilibrio y que la rosa es afrodisíaca, pasando por la manzanilla, relajante, y el jazmín aún más afrodisíaco. Además, los aromas son poderosos ya que entran por nuestros orificios nasales y tienen vía directa al cerebro, por ello su rápida capacidad de estimular nuestra memoria. Todos tenemos la experiencia de oler una esencia determinada o un perfume y evocarnos instantáneamente una persona, un recuerdo. Así es cómo las flores acarician también nuestra sensibilidad, con esa música invisible y silenciosa que es su fragancia.

A otro nivel, nos ofrecen una forma de terapéutica más estructurada, en forma de remedios florales, entre ellos y pionero, el sistema de las Flores de Bach. Fue descubierto a principios del siglo XX por un médico galés, el Dr. Edward Bach, que usando técnicas homeopáticas estableció un repertorio de treinta y ocho maceraciones de flores en agua, que potenciadas por la luz del sol producían el mismo número de remedios en forma de gotas, uno por cada flor, y uno por cada emoción. La intención era transformar procesos mentales y actitudes comunes a la mayoría de los humanos y propias del transcurrir cotidiano, en su aspecto positivo. Así, por ejemplo, para la tristeza pasajera que en ocasiones nos invade el alma, Bach encontró Mustard, que nos devuelve la alegría de vivir; cuando sentimos falta de confianza en las propias capacidades, Larch, nos sube la autoestima; a aquellos que suelen vivir en las nubes, Clematide los baja a la tierra y les devuelve el interés en las circunstancias presentes. Y así hasta treinta y ocho.
 
Y qué decir de la emoción de ser obsequiados con un ramo, pues las flores son también, por supuesto, una forma de expresión poseyendo, como sabemos, todo un lenguaje propio. Pero en la mayoría de las ocasiones no comunican otra cosa que fraternidad y amor, algo digno de tener a la vista en todos los escenarios de nuestras vidas.


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