domingo, 26 de octubre de 2008

Acupuntura a bordo



Primera semana en mi consulta flotante, a bordo del Azamara Journey, navegando por el Mediterráneo.

Escribo desde una terraza con vistas al mar en Sorrento, Italia, y a cierta distancia veo anclado mi nuevo hogar. Desde aquí se ven las ventanas de mi consulta, que van de techo a suelo, por delante de las cuales he visto pasar Venecia, Koper, Dubrovnik, Split, Bari, varias islas y hasta un humeante volcán.

La verdad es que los primeros días estuve demasiado ocupada ubicándome en el Spa, orientándome dentro del barco, intentando memorizar nombres y caras y superando el jet-lag como para disfrutar realmente de las vistas. Ayer fue el primer día que experimenté el placer de insertar agujas mientras surcábamos las olas.

Y parece que los pacientes lo disfrutan bastante también. Teniendo en cuenta mi relativa experiencia como acupuntora (aunque lleve ya diez años dedicándome a las Terapias Alternativas), estoy viendo asombrosos resultados. Ya nos dijeron en el training en L.A. que, por algún motivo, los pacientes responden mejor a la Acupuntura a bordo que en tierra. Pero nos vendieron tantas motos en el training, que no sabía si creérmelo. Sin embargo, parece ser cierto. En la semana que llevo aquí ya he visto un par de dolores de espalda crónicos desaparecer tras una sola sesión, y a un paciente que cojeaba, saltar por el pasillo. Estoy soprendidísima, sólo espero que no se trate de la suerte del principiante, sino de los beneficios que aporta el tratarse con acupuntura delante de una ventana con vistas al mar, a bordo de un crucero.

Lo que sí debió ser suerte del principiante fue lo que sucedió en mi primer seminario. Hacia el final de la charla, se nos unió la esposa de uno de mis “milagros” y comentó ante mi pequeña audiencia cómo su marido se había librado de su dolor de espalda de años, tras una sesión de acupuntura conmigo. Pero no sólo eso, sino que en ese preciso momento apareció el marido que, sin saber que estábamos hablando de él, se dirigió a mí, alzó sus pulgares y dijo en voz bien alta “¡¡¡maravilloso!!! Quedé como una reina.

Sólo espero que las cosas sigan así, vayan a mejor, y poder superar el reto continuo que está suponiendo esta surrealista experiencia.

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