miércoles, 30 de noviembre de 2011

Abriendo la caja negra (Ultima entrega de "La Barcelona Sanadora")




Está empezando a oscurecer cuando abandonamos la antigua carcel de la Inquisición, y serpenteamos por las callejuelas que rodean la catedral, de vuelta al coche. Con las sombras del atardecer, las gárgolas adoptan aspectos tenebrosos y las paredes de los antiguos edificios parecen guardar ecos de perjurias contra las supuestas brujas. O será la cerveza y la charla, que han avivado y sugestionado mi imaginación. El caso es que nos alejamos del escenario de un siniestro pasado, y nos vamos acercando de nuevo a la caja negra, cuyo interior estoy ya muy próxima a descubrir. 

Pedro y Andrea me dicen que quedaba todavia una visita, en el barrio de Gracia, pero se nos ha echado el tiempo encima, así que me la comentan mientras nos dirigimos al destino final.
Se trata de Amalia Domingo, bruja, espiritista y feminista que vivió en una casa en la esquina de la calle Torrijos con San Luis. Curiosamente, Pedro y yo compartimos piso con otros dos compañeros, en nuestros tiempos de estudiantes, en esa misma calle, una esquina más abajo. Todavia más curioso es el hecho de que este mismo lugar acogió a la congregacion de las Egipcíacas cuando fueron desplazadas de su enclave inicial. Sincronicidades a las que llaman casualidades. Amalia fue una de las fundadora de la Societat Autònoma de Dones en 1891, dedicada a la reivindicación de los derechos de las mujeres. También fue Vicepresidenta del Primer Comgreso Internacional espiritista celebrado en Barcelona en 1888, en un momento en que el espiritismo tenia un enfoque mas científico que esotérico. Murió en 1909, año en que se publicó su libro "Flores del Alma". Tres años mas tarde se publicaron sus memorias.

Pero no nos hemos desplazado a Gracia, sino a un parking en el Paseo Colon, donde dejamos el coche y donde, finalmente, me hacen entrega de la caja negra. Aunque todavía no la puedo abrir, ya que precisamos un escenario más propio para hacer los honores. Me pregunto a dónde vamos mientras me conducen, por las calles de atrás, a un lugar que no podia ser otro: el "Bosc de les fades".

Este curioso barecito escondido en el callejon del Museo de Cera barcelonés, al pie de las Ramblas, con su bosque de árboles malcarados, su habitación encantada, y su hada de cera al pie de un estanque, es sin duda el mejor lugar para que una bruja buena como yo abra por fin su regalo. Sentada en el puentecito, al lado del hada, voy deslizando la tapa de madera de la caja negra, lo cual me toma un tiempo, ya que esta bien encajada. 

Cuando por fin consigo sacarla del todo, sobre un lecho de aromaticas flores secas descansa un libro de tapas marrones. En la portada pone "Brujas y sanación en Barcelona". Pronto me doy cuenta de que esta hecho a mano, integramente, y en su interior leo los relatos e historias que Pedro y Andrea me han ido contando durante el día. Todo un genuíno registro de esta dimensión sanadora e historica de mi ciudad. Me emociona y me intriga a la vez el artesanato que supone fabricar manualmente un libro así, aparte del trabajo de investigación que ha implicado su contenido. Una verdadera pieza única que plasma materialmente nuestro recorrido de hoy e inmortaliza esta experiencia de cumpleaños tan especial e inolvidable. 

Brindamos por ello, nos hacemos fotos, y les digo que va a ser difícil superar un regalo así cuando lleguen sus cumpleaños. En una solapa de la tapa trasera del libro encuentro dos pedazos de papel con "conjuros" escritos en ellos. Y en la primera página, reza el siguiente poema de Ángeles Mastretta:

EL DESIG DE LA FADA 

Jo et desitjo la bogeria el valor, els anhels, la impaciència. Et desitjo la fortuna dels amors, el gust pels homes i per les dones. Et desitjo una mirada curiosa, un nas amb memòria, una boca que somrigui i maleeixi amb precisió divina, unes cames que no envelleixin, un plor que et retorni l'enteresa. Et desitjo el sentit del temps que tenen els estels, el tremp de les formigues, el dubte. Et desitjo la fe en els auguris, en la veu dels morts, en la pau dels homes que obliden la seva destinació, en la força dels teus records i en el futur com a la promesa on cap tot el que encara no et succeeix.

EL DESEO DEL HADA 

Yo te deseo la locura, el valor, los anhelos, la impaciencia. Te deseo la fortuna de los amores,  el gusto por los hombres y por las mujeres. Te deseo un mirada curiosa, una nariz con memoria, una boca que sonría y maldiga con precisión divina, unas piernas que no envejezcan, un llanto que te devuelva la entereza. Te deseo del sentido del tiempo  que tienen las estrellas,  el temple de las hormigas, la duda. Te deseo la fe en los augurios, en la voz de los muertos,  en la paz de los hombres que olvidan su destino, en la fuerza de tus recuerdos y en el futuro como la promesa  donde cabe todo lo que todavia no te sucede. 

sábado, 5 de noviembre de 2011

La Presó de la Inquissició (Cuarta entrega de "La Barcelona Sanadora")



Nos alejamos del hogar de las piadosas y casquivanas damas, que parecen despedirnos tras las ventanas del CSIC, y nos encaminamos hacia nuestro nuevo destino. Para ello nos alejamos también del coche, dentro del cual se queda la misteriosa caja negra, que a estas alturas es ya el secreto mejor guardado de todos los tiempos, dejando atrás una esperanzadora historia de mujeres, para pasar a otra mucho más oscura: la de la caza de brujas en la Edad Media.


Cruzamos las Ramblas, nos adentramos en el laberinto del barrio Gótico, y nuestros pasos se van metiendo por calles cada vez más viejas, de paredes medievales y suelo de adoquines, hasta que vamos a parar a un edificio colindante con la Catedral, hoy sede del museo Frederic Marés. Nos paramos delante de la fachada lateral y me invitan a alzar la mirada por encima de una enrejada ventana, sobre la que, esculpido en la piedra, se puede ver un peculiar escudo que ninguna de las miles de veces que habré pasado por aquí, había percibido. En este, una cruz representa la autoridad Archiepiscopal, una rama de olivo a la izquierda simboliza la paz de los redimidos, y una espada a la derecha garantiza la justicia hacia los herejes persistentes. Se trata del escudo de la Santa Inquisición.

Al parecer, este edificio formó parte del Palacio Real Mayor, antigua residencia de los Condes de Barcelona, y sede del Santo Oficio. En el mismo patio donde en nuestros días vemos flotar un huevo sobre el chorro de una fuente en la inocente y festiva tradición de "l'ou com balla" el día de Corpus Christi, hace unos pocos siglos se sentenciaba a la horca u hoguera a brujas y herejes.


Refrescándonos con unas cervezas en este mismo patio, que hoy alberga una bonita terraza de bar, Andrea me habla de cómo Catalunya no fue una región donde la Inquisición ajusticiara a demasiadas víctimas, comparando con otras regiones o países. Comentamos acerca de la supuesta condición de brujas de ciertas mujeres sabias, conocedoras de remedios medicinales y poseedoras de brevajes abortivos, con el consecuente control de la salud y de la natalidad que esto conllevaba. Demasiado poder para una mujer soltera, generalmente de clase social baja, que además se ganaba la vida de manera autónoma. Y por supuesto un inconveniente para la clase médica emergente y para las autoridades de la época, que veían en este personaje una competencia inadmisible a su control sobre la sanidad y, por ende, sobre la libertad de la población. Así que no es de extrañar que estas mujeres fueran desacreditadas, atribuyéndoles conexiones con el diablo, y que un gran número de ellas terminaran sus días con una soga al cuello.

Interesante también el apunte de Pedro acerca de la imagen de la bruja, como una mujer fea, con malformaciones físicas (como una joroba), imagen probablemente desfigurada, pero con una posible base de verdad. En una época en que las expectativas de una mujer eran poco menos que conseguir un marido que las mantuviese honradas y alimentadas, y en que las posibilidades de matrimonio dependían de una dote, aquellas mujeres menos agraciadas físicamente, con malformaciones físicas, y además pobres, tenían pocas posibilidades de ser rescatadas, por un marido, de la prostitución o la mendicidad. La única opción alternativa era labrarse un oficio como curanderas, sanadoras o parteras, por lo que posiblemente, las mujeres que se dedicasen a estas labores fuesen, ciertamente, chicas pobres y poco agraciadas que no habían conseguido casarse. Esto les vendría de perlas a los Inquisidores para, además, achacar al "castigo divino" el desafortunado aspecto de estas marginadas mujeres.

Este tema me enciende. No sólo estoy completamente convencida de haber encarnado, en una vida pasada, a una de estas mujeres, sino que percibo, en esta vida, una nueva y camuflada caza de brujas. En una sociedad como la nuestra, altamente medicalizada, pero crónicamente enferma, el auge de las terapias naturales vuelve a incomodar a las autoridades. Cansados de doparnos con fármacos de síntesis que, en la mayoría de los casos, sólo disfrazan o reprimen síntomas, hemos optado, en las últimas décadas, por opciones más naturales para el cuidado de nuestra salud, llevadas a cabo por terapeutas cada vez más profesionalizados, pero sin ninguna legitimación. A pesar de los esfuerzos, de más de diez años, de distintas organizaciones de terapeutas naturales en conseguir un reconocimiento legal y administrativo de la profesión, a lo único que se ha conseguido llegar es, en Abril de este año, a que la prescripción de plantas medicinales (manzanilla, tila, cardo mariano, etc.) pase a ser dominio exclusivo de los farmacéuticos. El colegio de Médicos presionó fuertemente en el 2007 para que se derogase el decreto aprobado en Catalunya sobre la regulación de las terapias naturales, cosa que consiguió, y el Colegio de Fisoterapeutas presiona constantemente para que los Quiromasajistas no puedan dar masajes. Es el control de la salud en poderosas manos que, ya que no consiguió desprestigiar la medicina natural (con artículos de prensa, por ejemplo, sentenciando la homeopatía como medicina "placebo"), pretende hacerse con el dominio de la misma. Un médico alópata (convencional) tan sólo precisa hacer un "post-grado" de unos meses en Acupuntura para obtener un título oficial en esta materia, mientras un Acupuntor estudia una media de cuatro años para obtener un título que no está reconocido en ningún lugar, y téngase en cuenta que la base de la Acupuntura no es la medicina occidental (los antiguos médicos chinos no estudiaban anatomía y fisiología modernas).

Y podría dar muchas más razones para considerar la situación actual del ámbito de la sanidad como una verdadera caza de brujas, pero no es el momento de entrar en la manida disertación, que es ya del dominio público, acerca de las perversidades y corrupción de la industria farmacéutica. Sólo dejadme recordaros, por ejemplo, que tuvieron que retirar la "inocente" Aspirina Infantil del mercado en el 2003 por provocar hemorragias en los niños (cuando las comimos como caramelos cuando éramos pequeños, confiadas nuestras madres en las recomendaciones de médicos y científicos), mientras que los chinos han recomendado las mismas fórmulas de fitoterápia y técnicas terapéuticas durante MILENIOS, sin contradecirse a ellos mismos.

Afortunadamente, existen países, que para otras cosas tomamos como modelo de referencia (como EEUU o Gran Bretaña), donde el Herbolario estudia su carrera en la Universidad, sin necesidad de ser médico, y donde la Medicina Tradicional China es una profesión legitimada y también desligada de la medicina occidental, lo cual nos tranquiliza en cuanto a la supervivencia de las medicinas naturales, aunque quizás nosotras las brujas y brujos de la península tengamos que exiliarnos o escondernos, como antaño, para poder ejercer la profesión.

Pero seguiremos estando, y la población seguirá demandando este tipo de terapias, porque el retorno a lo natural es irreversible, y el cambio de consciencia que estamos presenciando en este momento de agitaciones, pasa necesariamente por una revisión sobre quién tiene el poder sobre las cosas, entre ellas lo más importante: la salud.

Próxima visita: ¡ABRIENDO LA CAJA NEGRA!